É dende a Lúa ao
Sol
Lugo, lugar de
amor:
non hai un amor
máis puro
que o que se vive
en Lugo.
Claudio Rodríguez
Fer
Por carretera llegamos al Coto,
lugar perteneciente a Leboreiro, Campus Leporarius que es como lo llama o Liber Santi Iacobi, es decir, campo de liebres, que sé que no ha mucho
tiempo había en abundancia y también perdices que desaparecieron, en algún caso
por la enfermedad, de la que ya hablamos, y en otros, por haber dejado de
sementar el trigo o el centeno con el que se alimentan.
-Ahora no hay –dijo Mikel. Entonces no se pueden matar. Antes había y se mataban
por placer. ¿Qué es mejor?... Ya sé, prohibir las escopetas, así las pocas que
quedan vivirán felices.
-A ti te va a gustar la Filosofía cando seas mayor. De un antecedente descubres
un consecuente.
-O hablas más claro o yo no te entiendo nada.
-Sí, ¡oh!, sí; que razonas coma un
libro abierto. Sí, que piensas muy bien lo que pasó y lo que deduces que va
a pasar. Vaya que eres muy listo. ¿A
que te ha gustado?
-Me huele mal. Detrás de una alabanza va una tarascada mental.
-Ahora el que no te entiendo soy yo. Dejémoslo así; en el fondo los dos
sabemos de qué hablamos.
En la calle Maior vemos un crucero rodeado de casas de piedra. La iglesia es
románica, con elementos de transición al gótico, como la portada de arco
apuntado. En su tímpano –al niño no se le olvidó, ni el nombre ni el espacio; decía
que las iglesias tenían el tímpano en un extraño lugar- tiene una imagen de
Santa María de las Neves coronada con
El Niño en su regazo y ángeles a su alrededor. Enfrente hay una casa llamada casa da enfermería que fue hospital de
peregrinos fundado por los Ulloa en el s. XII. También llama la atención un
curioso hórreo circular de mimbre y otros de ramas de árbol.
Seguimos recorriendo un tramo de una gran belleza. Cruzamos un puente
medieval sobre el río Seco, mejor arroyo que río, con un único arco de hermoso
diseño.
Nuestro gozo remata cuando llegamos al camino artificial con el paisaje
deformado por las naves del Parque empresarial de Melide.
Retomamos El Camino, con todo lo que significa la bajada al río Furelos; su puente medieval de los más
grandes de Galicia, con sus cuatro arcos desiguales típico del medievo,
posiblemente del s. XII, con su subida y bajada. Lo más destacado de la iglesia
es su Cristo con un brazo desclavado. También contó con hospital.
Y siguiendo su calzada llegamos al Campo de San Roque que nos lleva a Melide.
Su historia se remonta al Neolítico, también tuvo ocupación castrexa. Y a partir del medievo se va a
convertir en una importante villa, tanto desde el punto de vista cultural -El
Camino Primitivo se junta aquí con el Camino Francés y todo lo que va a significar
la pegada patrimonial- como económico y social.
Las referencias históricas nos dicen que fue importante la repoblación
ordenada por Alfonso IX. De depender del poder eclesiástico, pasó a hacerlo del
poder civil, concretamente de la casa de Ulloa, después de las luchas ya señaladas
entre los reyes Enrique de Trastámara y Pedro I, pasando a depender nuevamente en el s. XVI del arzobispo, que tenía
la potestad de nombrar alcaldes y jueces. El castillo fue destruido en las luchas
irmandiñas, naciendo su primer núcleo
urbano sobre sus ruinas. Esa zona sigue llamándose O Castelo.
La guía del Camino Francés en Galicia editada por la S.A. de Xestión do
Plan Xacobeo nos dice:
“Do s. XIII consérvase a portada da
igrexa románica de San Pedro, amecida a actual capela de San Roque, nas
inmediacións da entrada do Camiño na vila. Ao seu carón érguese un dos
cruceiros máis antigos de Galicia, obra gótica do s. XIV que, a través da
figura do seu Cristo, inspirado no do Pórtico da Gloria da catedral
compostelán, mostra a longa duración do estilo do Mestre Mateo na área de
influencia do Camiño Francés.
Melide garda outros dous tesouros
artísticos. No centro do núcleo histórico da vila, a carón da Praza do
Convento, sobresae a igrexa de Sancti Spiritus (construída coas pedras do castelo), fundación franciscana de 1375, con
sepulcros señoriais do século XV. Xa ás aforas da localidade, a carón do
Camiño, resulta de visita imprescindible o excelente templo románico de Santa
María de Melide de finais do s.XII con nave única e ábsida semicircular. Está
decorado no exterior con profusión de canzorros e dúas portadas. No interior
conseva a mesa do altar románico e uns fermosos frescos do s. XVI que
representan o misterio da Trinidade como Trono de Graza.
A asistencia hospitalaria era outro
capítulo importante na vida medieval de Melide. Na dotación do seu hospital,
construído no 1375, sábese que se incluían 24 leitos, para seren ocupados cada
un por dúas persoas. Na idade Media era común que as camas fosen compartidas
por varias persoas. Tamén tiña Melide un lazareto, atendido polos
monxes-cabaleiros da Orde de San Lázaro.
Actualmente é posible rastrexar o
pasado e os costumes tradicionais de Melide e mais a súa comarca visitando o
Museo Terra de Melide (etnografía, arqueoloxía, centro de estudos…). Está
situado a carón da Casa do Concello, na praza principal da vila, no que foron
os vestixios do vello hospital de peregrinos.” (en gallego original de fácil comprensión)
Un anterior gobierno pretendió dotar de un centro de interpretación a cada
uno de los Caminos, así creó en Mondoñedo el del Camino Norte y en Lugo el del
Camino Primitivo; para el Camino Francés adquirió una casa en Melide que, por lo que se ve, aún no se ha realizado el proyecto
ya redactado del Centro de Interpretación.
-Siguiendo esta Guía ya conocemos la Historia de Melide, o por lo menos los acontecimientos más destacados –le dije
a Mikel.
-Menos mal que lo fuiste leyendo al tiempo que lo íbamos viendo.
-Así gozamos los dos.
-Tú podías sacar unos euriños haciendo
de guía… si tuvieses más pelo.
-Tienes razón, los guías y sobre todo las guías son todos un poco
presumidos y hacen como los cantantes de las orquestas; a veces, alteran la
voz; será para darse más a valer, o mejor, piensan que se dan más a valer. Yo ya
poco puedo presumir, a no ser de los nietos, de los otros, pues tú eres
demasiado carallán…aunque seas el más
listo y el más hermoso de los caralláns…con
permiso de un servidor.
- ¿Con permiso de qué…?
-Cuando estudiábamos en el instituto, y pasaban lista para saber si estábamos,
teníamos que contestar servidor.
-Ah! Quieres decir que yo soy el mejor carallán
después de ti, o sea, tú eres el más grande carallán.
La conversación ya no daba más de sí. Cambié de tema...
-No te percatas de que en la Edad Media había más hospitales de peregrinos
que ahora, incluso especializados, como lazaretos, albergues, hospitales de
sangre, hospitales de…
-Como no puedes conmigo, cambias de tema. Siempre rematas así las discusiones;
ahora se llaman debates.
-Tuve con tu tío Iñaki un buen adiestramiento. Se parece a ti, siempre encuentra
un argumento para desmontar el mío.
-Me parece bien que me compares con el tío, lo paso bien con él, y no
discuto con él como contigo.
-Ya, porque lo ves poco y sois parecidos.
-Ahora cambio yo. Decía la guía que en el hospital dormían dos en la misma cama.
No sé por qué destaca eso, en tu casa Brais y yo dormimos juntos y a veces en un
colchón en el suelo.
-Eso solo cuando nos juntamos todos en Navidad; en el último éramos quince.
Necesitábamos un feixe (brazada) de camas;
de todas maneras, vosotros fuisteis voluntarios al colchón, con sábanas y mantas,
¿o no?
-Ya no me acuerdo.
-No te acuerdas de lo que no te interesa…
Seguimos por una ruta hermosa, saltamos el arroyo de San Lázaro y vimos los restos de una capilla dedicada al santo.
Pasamos Carballal y Ponte de Penas. Visión de Galicia con sus
bosques, prados, matorrales, corredoiras
(caminos desgastados por los carros) … Por ese bello contorno llegamos a Raido, después Parabispo, atravesamos el regato de Valverde, ya en el ayuntamiento
de Arzúa, la Peroxa y entramos en la
parroquia de Boente con su iglesia de
Santiago. Tocaba sufrir para subir la cuesta que nos llevaría a las parroquias
de Figueiroa y Castañeda donde, supuestamente, y según el Códice Calixtino,
estarían los hornos de cal –mucho de él llevado en carretas por los peregrinos
desde Triacastela- para la construcción
de la catedral de Compostela; también se encuentra en esta parroquia el hórreo
más grande del Camino, con veinte metros de longitud. Reguero de Ribeiral, más adelante, y por pistas llegamos
al río Iso; atravesamos el puente
medieval y topamos con el hospital de Ribadiso,
establecimiento histórico que permaneció abierto en el Camino Francés. El
edificio inmediato fue recuperado para albergue con un proyecto muy bien adaptado
al hermoso contorno de una belleza y tranquilidad inigualable.
- ¿Qué te parece si pasamos la noche en este albergue?
-A mí me parece lo más bonito de todos los que vimos, junto con la Casa Grande de Lusío –dijo Mikel.
Arreglamos los asuntos de entrada, nos duchamos y decidimos darnos una
tarde de descanso en aquel paraíso.
Salimos a comer y nos hicimos también con dos bocadillos para la cena, así
no tendríamos que salir del albergue.
En el prado del albergue nos descalzamos y metimos los pies en el río,
sentados en unas escaleras que descendían hasta el agua.
-Te veo algo triste, Mikel.
-Es que me impresionó aquel viejo que vimos sentado en el banco de piedra a
la puerta de aquella casa, temblando y lleno de moscas.
-Sí, debía padecer la enfermedad de Parkinson.
Alegra esa cara, que eso no quiere decir que estuviese mal atendido, parecía
limpio. Había cerca de donde estaba sentado unas cuadras y hacía mucho calor. Las
moscas, son las moscas y no tienen sensibilidad para con los seres débiles. ¿No
sientes por aquí algún mosquito?... Esto que piensas me hace recordar un cuento
de los hermanos Grim: “El abuelo y el nieto”. Jacob e Wilhelm
Grim, escritores alemanes del s. XVIII, de los que se dice que son los padres de
la filosofía alemana, que entre otros muchos trabajos recogieron cuentos que se
transmitían por vía oral, tanto alemanes como franceses, y después de adaptarlos
según su criterio fueron publicados y hoy son clásicos: Juan sin Miedo, Blancanieves, la Cenicienta, La Bella Durmiente.
Seguro que tu madre te ha contado alguna vez estos cuentos.
El caso es que me enrollo, como siempre,
y aún no te he contado lo que debía. ¡Ahí va!: “Había un pobre viejo que veía muy poco, estaba casi sordo y le
temblaban las piernas; en la mesa apenas podía sostener la cuchara. Un día, su nuera
y su hijo deciden meterlo en una habitación y llevarle allí la comida para no
tener que aguantar aquel espectáculo (eso decían ellos). Y comenzaron a llevarle
la comida al cuarto en un plato de barro. El viejo, al verse así, miraba con
tristeza al plato dejado en la mesa, mas no hacía ningún comentario. Un día le
cayó el plato y se rompió en mil pedazos; entonces su nuera y su hijo lo reprendieron
hasta hacerlo llorar y bajar la cabeza.
Al otro día vieron al nieto, un niño
coma Brais, recogiendo con sumo cuidado los trozos de barro del plato del
abuelo.
Le preguntó su padre:
- ¿Qué haces?
-Estoy recogiendo los fragmentos del
plato para pegarlos y guardarlos para daros de comer cando seáis viejos.
Los padres se miraron entre sí sin decir
nada, después se echaron a llorar. Desde aquel día el abuelo volvió a comer con
la familia y fue tratado con la debida cortesía.”
- ¡Qué cuento más triste! A ti eso no te ha de pasar nunca, tienes unos hijos
y unos yernos que te quieren mucho, no te van a tratar de esa manera. Además,
aquí estoy yo para cuidarte.
-Por supuesto. Es que muchas veces estos cuentos educan más que muchas
clases en la escuela. Y muchas gracias por la oferta, ya sé que a ti se te va
la fuerza por la boca, pero también sé que me quieres bien.
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