Na intermidable
viaxe da vida,
na liberdade
pechada
atopei o sono
infinito…
Cristina Corral Soilán
Despertamos los dos al mismo tiempo, era temprano. Nos acercamos a la cafetería
del hotel y desayunamos unas galletas con leche, como si fuese un trabajo en
lugar de un placer. Estábamos nerviosos.
Y en esto sonó el teléfono:
- ¡Hola! Soy Pepe. Quiero hablar con Mikel.
Lo dijo como si no quisiera hablar conmigo. Más bien era, pienso yo, por lo
parco que era hablando; ya no recordaba
cómo era cuando lo conocimos. Le doy el teléfono al pícaro. Y sigo la conversación de Mikel:
-Bien, bien. Ya vamos a dejar O Monte
do Gozo, lo que queda es cuesta abajo, así que vamos a llegar pronto a la
catedral… se lo he de decir a mis tías… al marchar…no tenías por qué hacerlo,
de todas maneras, gracias, muchas gracias…ya te contaré si me gusta… ¡adiós! ¡bicos!
El niño me miró, y dijo:
-Era Pepe, dijo que fuésemos a recoger un regalo que nos dejaba, mejor, que
me dejaba, en la consigna de la estación.
-Enfeitizáchelo (lo has hechizado),
¡eh!
-Tú sabes que no empleé malas artes.
-No, ¡oh! no. Pero sí buenas artes, lerchán
(lenguaraz en positivo).
-Me cago en diola…eres un carallán (insensato)…ya sé…, lo que te pasa a ti es que me tienes envidia cochina…, ¿he
adivinado?
Sonreímos mientras montábamos en la bici y nos dejábamos deslizar cuesta
abajo. Iba riéndome para mis adentros y sabía que el niño también disfrutaba de
esa regueifa en prosa (discusión,
debate).
Entramos en la parte urbana de Santiago, ciudad con cerca de cien mil
habitantes. Paramos al llegar al terminar la bajada y consulté O Códice Calixtino en la página 453:
“A cidade de Compostela está situada
entre dous ríos, dos que un se chama Sar e outro Sarela. O Sar está a oriente
entre o Monte do Gozo e a cidade; o Sarela, a occidente. As entradas e as
portas da cidade son sete. A primeira entrada chámase Porta Francíxena; a
segunda, Porta da Pena; a terceira, Porta de Sofrades; a cuarta, Porta do Santo
Peregrino; a quinta, Porta Falgueira, que leva a Padrón; a sexta, Porta de
Susannis; a sétima, Porta de Mazarelos, pola que entra o precioso licor de Baco
pola cidade.
Con estas ya nos encontramos en el barrio de San Lázaro. Rotonda con un
monumento jacobeo. Un montón de edificios: pazo de Congresos e Exposicións,
hoteles, centros administrativos, Pavillón
de Galiza, sede da S.A. do Plan Xacobeo, Campo de fútbol…; viejo lazareto y
capilla de San Lázaro; ya en el barrio antiguo. Fontiñas. Concheiros, imaginamos los pequeños comerciantes
afanándose en venderle las conchas a los peregrinos. Viejas leyendas alrededor
del cruceiro do Home Santo.
“Os peregrinos, tanto ricos como
pobres, que volven do sepulcro de Santiago ou que chegan a el deben ser
recibidos e respectados caritativamente por todos, pois quen os recibe ou lles
procura atentamente hospedaxe terá como hóspede non só a Santiago, senón tamén
ao mesmo Señor, conforme di El mesmo no Evanxeo: “Quen vos recibe a vós
recíbeme a min tamén” (Mt. 10,40). Houbo en tempos moitos que incorreron na ira
de Deus porque se negaron a recibir aos peregrinos e aos pobres de Santiago…” (Códice
Calixtino página 463).
Bajamos por la calle de San Pedro y desembocamos en la encrucijada de A Porta do Camiño. Gritos. Miramos hacia el lugar del altercado y advertimos
una porfía entre un energúmeno que estaba insultando a un pobre parroquiano con cara asustada:
- ¿Quién te dio a ti el carné? No sabes dónde tienes la mano derecha…No
sabes que no se puede frenar de repente…
-Le recuerdo que tiene que guardar la distancia de seguridad.
-La distancia, contigo de un km, frenas sin motivo ninguno.
-Se cruzó un can…
-Acaso es más importante el perro que yo, que por poco me mato.
-Si fue solo un golpe de nada. Que lo arreglen los seguros.
-Eso, y yo una semana sin coche…
Y allí siguió el gandul gritando, mientras el otro personaje, con mucha
paciencia, esperaba que se calmase en tanto no llegaban los policías que
levantarían el correspondiente atestado.
-Mira Mikel, esto que estás viendo me recuerda un cuento.
Un viejo indio hablaba con su nieto:
-Me siento –decía el abuelo- como si
tuviese dos lobos peleando en el corazón: uno aburrido, irritado, violento y vengador;
el otro alegre, lleno de amor, compasivo, bondadoso, indulgente, humanitario…
-Abuelo, ¿cuál de los lobos ganará?
-Aquel que yo alimente…”
Quedamos en silencio que rompieron las sirenas de la policía. El atasco era
mayúsculo.
-Mira Mikel, mientras no podamos cruzar, tienes ahí –señalé el edificio- el
antiguo convento de San Domingos de
Bonaval, y el del Museo do pobo
Galego, en el que se encuentra El
Panteón de Galegos Ilustres, donde enterraron algunos delos personajes más
importantes de Galicia: Rosalía de Castro, Domingo Fontán, Francisco Asorey,
Ramón Cabanillas y Alfonso Daniel R. Castelao… Aquel otro edificio es El Centro Dramático Galego, obra de un arquitecto portugués muy afamado llamado
Álvaro Siza.
Uno de los policías dio el paso a los peatones y cruzamos la calle y A Porta do Camiño, perteneciente a la
antigua muralla que defendía la ciudad. Llegamos ya al centro de la ciudad antigua
rúa de Casas Reais; por aquí se asentaba
el gremio de los cambiadores de monedas, buen lugar por ser el camino de los
peregrinos. Vemos a la izquierda la iglesia de A Nosa Señora do Camiño, de estilo neoclásico que, junto con la capilla
de las Ánimas, son del s. XVIII. Seguimos por la plaza de Cervantes, antes conocida
como la plaza del Campo (el nombre le viene porque en ella se realizaba la venta
de productos del campo).
La iglesia de San Bieito, también
neoclásica, edificio del antiguo consistorio a la izquierda. Bajamos por la Acibechería; plaza de la Inmaculada y la
espectacular fachada del monasterio de San
Martiño Pinario proyectada por el fraile Gabriel de las Casas y realizada en
el s. XVIII; iglesia, claustros y el resto del edificio tienen estilos de las
diferentes épocas de su construcción entre el s. XVI y XVIII. Estamos ya en A Porta do Paraíso, hoy conocida como de
la Acibechería; inicialmente la
fachada era románica y fue sustituida posteriormente por otra de transición del
barroco al neoclásico.
-En La Edad Media –le dije a Mikel- existía aquí, una fuente, Fons Mirabilis, donde los peregrinos se purificaban antes de entrar en la
catedral. Así lo cuenta El Códice Calixtino en su página 455, que vamos a leer:
“…Ao final dos chanzos do adro hai
unha magnífica fonte, semellante á cal non se atopa outra no mundo. En efecto,
esa fonte ten na base tres escalóns de pedra, sobre os que está asentada unha
fermosísima cunca de pedra, redonda e cóncava á maneira de bandexa ou cunco,
que é tan grande que penso que se podan bañar nela comodamente quince persoas.
No medio dela está colocada unha columna de bronce, grosa na parte inferior, de
sete caras cadradas e dunha altura proporcionada; no seu remate vense catro
leóns e das súas bocas saen catro chorros de auga para calmar a sede dos
peregrinos e dos habitantes da cidade. Estes chorros que saen das fauces dos
leóns caen de contado abaixo na cunca, desaparecen baixo da terra.Así como non
se pode ver de onde ven a auga, tampouco é posible ver a onde vai. É unha auga
doce, nutritiva, sa, clara, excelente, morna no inverno, fresca no verán. Na
devandita columna están escritas aos pés dos leóns, todo arredor, estas letras
en dúas liñas deste teor:
“Eu, Bernardo, tesoureiro de
Santiago, trouxen aquí esta auga e fixen esta obra, para remedio da miña alma e
das almas de meus pais, o día terceiro do mes de abril da era MCLX.”
Entre las páginas 453 y la última del Libro V, la página 463 se puede leer
acerca de las “dimensións da basílica, as
fiestras, os pórticos, a xa descrita Fonte
de Santiago, o adro da cidade, a porta setentrional, a porta meridional, a
porta occidental, as torres da basílica, os altares da basílica, o corpo e o
altar de Santiago, o frontal de prata, o ciborio do altar do Apóstolo, as tres
lámpadas, dignidade da igrexa de Santiago e dos seus cóengos, os canteiros da
igrexa e a fin da súa construción e a Dignidade da igrexa de Santiago”:
“Non se debe esquecer que o santo
papa Calixto, de feliz memoria, trasladou a Dignidade de arcebispado da cidade
de Mérida, que era habitualmente a metrópole na terra dos sarracenos, e que por
amor e en honor do Apóstolo deulla á basílica de Santiago e a súa cidade, e
como consecuencia ordenou e confirmou por primeira vez como arcebispo da sede
apostólica de Compostela a Diego, home nobilísimo, que antes fora bispo de
Santiago”
-Si hago mención a la fuente es porque ya no está situada en ese lugar. Por
lo que respeta a la dignidad de ser arzobispado se destaca porque posiblemente
ni Santiago sería lo que hoy es, ni el Camino tampoco, e incluso me atrevería a
pensar que tendríamos otra Galicia sin este hecho y, sobre todo, sin la figura
del arzobispo Don Diego Xelmírez.
Continuamos el camino atravesando el Arco
do Pazo hacia La Praza do Obradoiro.
Mikel se situó en el medio de la plaza e miraba la fachada con detenimiento,
dando una vuelta de 360 grados y dijo:
- ¡Qué pequeño me siento aquí!
Yo callé, pero era verdad, ante la majestuosidad de la fachada del Obradoiro y los edificios del Rectorado, Pazo de Raxoi, Hostal y Pazo Arcebispal uno se siente muy cativo (pequeño)...
Subimos los escalones de la magnífica escalera que conduce al Pórtico da Gloria, hoy llena de
andamios. Miramos una foto que llevaba entre las hojas del Códice y le comenté
varias cosas curiosas.
-Volveremos a verlo con Brais, Sabine e Iago en otra ocasión, cuando esté
rematada la restauración.
Entramos. El niño, mirando hacia arriba y también a lo largo, me dijo:
-Voy a dar una vuelta yo solo, te espero delante del altar.
Y así lo hizo, se puso a andar sin esperar una contestación. Me senté en un
banco frente al Altar Maior y pensé
en todo el recorrido, en lo bien que lo había pasado, en las nuevas
experiencias que me había deparado El Camino y mi relación con Mikel; también
en que la aventura ya había terminado…para nada veía lo que tenía enfrente.
Al poco rato de espera llegó el niño:
- ¿Vamos a ver al Santo?
Me levanté y seguí el camino que me marcaba el niño hacia el camarín del
altar mayor para cumplir con el ritual de a aperta
ao Apóstolo (abrazo al Apóstol). Me dirigía como si fuese un experto. Llegamos
delante, o mejor, detrás de la estatua de Santiago ataviado como peregrino que
se conserva en el mismo lugar desde 1211.
-Gracias amigo –le dijo Mikel- por todo…
Emocionado, le acaricié la cabeza. Le di el abrazo al Apóstol, pensé lo mismo
que había dicho el niño, pero me callé. Bajamos a la cripta; al fondo, se supone
que fue el lugar donde aparecieron los restos del Apóstol.
Santiago entre estes santos
brillando mártir insigne, columna de
fe,
pola espada de Herodes entre os doce
foi
o primeiro
HIMNO (C.C página 492)
Le indiqué dónde estaba el botafumeiro
y además la Porta Santa y salimos por
la puerta por la que entraríamos para poder dar la vuelta a la catedral e ir hacia
la plaza de A Quintana. Allí nos sentamos
en una terraza y saciamos la sed al tiempo que le hablaba del botafumeiro, de la torre, de la puerta
Santa y el ritual de apertura, de la propia plaza y también del jubileo en los
años santos, y de la Compostela, por la
que nosotros no mostramos interés ninguno.
-Cumple hacer un balance, que me digas lo que fue para ti este viaje –dije.
-Hombre, así de pronto, ¿qué quieres que te diga?
-Así de pronto es cómo tienes que decir lo que piensas.
-Lo pasé muy bien. Descubrí un nuevo, o mejor, un viejo abuelo: carallán (informal), cariñoso, trapalleiro (chapucero), mestre, borrachón, generoso, toleirán
(tarambana), benevolente, mentireiro, desinteresado, enredante (liante), doado (fácil) de entender e bo (bueno)… ¿qué te parece?
-Bien, demasiado bien. Vamos, un aprobado.
-También aprendí a medir el esfuerzo a cansarme menos, a gozar del paisaje y
del patrimonio, a compartir con los otros, a descubrir el valor de la amistad…No
me van a llegar las vacaciones para visitar a los amigos. Bien, así de repente
no está mal, ¡eh!
-Te das cuenta que al final del viaje solo recuerdas las cosas positivas
que te ocurrieron; las negativas no quedan ni en el recuerdo. Yo terminaría diciendo “iso é O Camiño” ESO ES EL CAMINO.
-Para mí fue también disfrutar de muchas cosas,
sobre todo gozar de tu compañía, y podría repetir todos tus adjetivos menos el de borrachón. Además de todo eso El Camino es para mí un proceso o proyecto vital: nace cuando hablo con tu madre y se escaralla (risa nerviosa, sorpresa y carcajada) con la
proposición; es un niño que comienza
a andar cuando salimos con nuestra bicicleta de Roncesvalles, ¿seremos, o no
seremos, capaces de hacer El Camino?, dudas debido a la nieve, dudas cuando vas
a correr el Encierro…; eres escolar cuando
topamos con Emeterio y Amparo, con los perros y con los jabalíes, con mi
pretensión de hacer leer a un mentiroso; adolescente
cuando te ríes de los guardias en Burgos o cuando me cuentas que tienes dos
novias; adulto cuando conocemos a
Ilia y a Lola; El Camino nos va a casar en
la capilla donde San Froilán fue anacoreta; padre cuando bautiza a su primer hijo en O Cebreiro y así comienza
otro ciclo: niño en Sarria, escolar en Melide, adolescente en Arzúa y estudiante
en Compostela, donde se casará y hará abuelo
al Camino.
- ¿Si se hace abuelo en Santiago, ya no puede seguir hacia
Fisterra? -pregunta Mikel.
-Yo desde luego no continuaría El Camino contigo. Al final, en Fisterra, es la muerte lo que le queda al
abuelo Camino para rematar ese proyecto
de vida.
Quedamos en silencio, pensando en el pasado, en el viaje…
- ¿Eso quiere decir que no haremos el recorrido a Fisterra?
-Sí, lo haremos, pero no como continuación del camino hecho. Haremos solo el
Camino a Fisterra con tu hermano y
tus primos.
-O sea, que en el fondo eres un supersticioso.
-Por lo que pueda ocurrir. Ni sí, ni no…
-Le he de decir al padre Sarmiento que venga a hablar contigo.
-Me gustaría, sí.
Dejamos el cuento aquí.
-Pronto van a llegar Aída y Olaia con la furgoneta –dije.
Decir eso y verlas llegar subiendo las escaleras fue todo uno. Abrazos,
risas, besos y todos a hablar a un tiempo. Pedimos nuevas consumiciones para
todos y seguimos a hablar de la ruta y del tiempo que hacía en Foz, de la
abuela y del avolo (bisabuelo), de Iñaki, de Sabine e Iago, de Brais,
Gema y Jeroen, de Suso y Puri…de todos.
-Hoy, para despedirnos de esta aventura
felizmente rematada voy a tirar la casa por la ventana para convidaros a
comer ben.
Dejamos la terraza y entre mucha gente fuimos andando hacia el Franco, torcimos
en Correos, dejamos a la izquierda la Comisaría de policía y bajamos para llegar
al restaurante S. Clemente.
-Os traje aquí porque fue donde nos convidaron a comer Gema y Lourdes cuando
leyeron las tesis. Ya veréis que bien se come aquí…
Comimos bien, sí señor, como
diría Fole.
-Tenemos la furgoneta en el aparcamiento de la plaza de Galicia –dijo Aída.
-Pues vayamos andando, que queda cerca de aquí.
Así lo hicimos.
-Ahora recogemos nuestra bicicleta y salimos hacia Foz –dije.
-De eso nada –dijo Mikel. Tenemos que recoger el regalo que me dejó Pepe.
-Pensé que ya no te acordabas, como a min non me dejaron ninguno…
-Ya, ya…
Fuimos hasta la estación del tren y en consigna
dijo Mikel:
-Veníamos a buscar un paquete a mi nombre: Mikel Ángel de Ruig Rodríguez.
-El paquete no es pequeño –dijo el empleado.
Nos miramos entre nosotros.
- ¿Hombre, en una furgoneta cabrá? –dije.
-Sí, supongo que sí.
Marchó al almacén y vino… ¡con la
bici de Pepe!!! Este era el regalo, acompañado de una carta.
Mikel quedó con la boca abierta. No sabía qué decir. Cogió el sobre, se apartó,
leyó, y dijo:
- ¡Carallóooo!, este Pepe es mucho…
Y le aparecieron unas lágrimas rodando por las mejillas.
Nos miramos de nuevo. Dio un salto y me abrazó…
- ¡Vale, meu amigo!, ¡ahora sí,
camino de Foz!
Somentes
intentaba conseguir
deixar na terra
algo de min que me sobrevivise
sabendo que debería ter sabido
Lois Pereiro
Ningún comentario:
Publicar un comentario