Somos eses, somos nós
os habitantes da gándara
que aloumiña o pai Miño
cando á súa beira pasa…
Toño Nuñez
-Ya tenemos una pregunta para Sabine, Brais y Iago cuando crezca: Que
hizo el caballero Roldán con su espada Durendal?
Sonrío con la ocurrencia y le digo:
-Vamos a ver algo de este pequeño lugar llamado Roncesvalles: pocos
edificios, muy importantes, y todo esto,
con muchos años de historia.
La nieve hace que tengamos que andar con sumo cuidado; sería un
problema que cualquiera de los dos cayésemos antes de comenzar nuestra
aventura, sobre todo, después de haber superado nuestras dificultades
familiares.
-Abuelo, hace mucho frío!
-Ve pisando la nieve recién caída, agarran mejor las botas.
-Abuelo, que yo sé patinar! Nuestro invierno es más duro que todo esto.
Brais y yo vamos en bici con más nieve de la que aquí hay. El que tiene que
tener cuidado eres tú!
Tiene razón.
-Será mejor que entremos en la Real Colegiata.
Por el camino le recuerdo que estamos a 950 metros de altitud, más o
menos, y siendo el mes de febrero, lo normal es que veamos todo nevado.
Llegamos a las puertas de la iglesia y
dejamos la bicicleta debajo de una bóveda que une el monasterio y el claustro
con la iglesia
No se ven peregrinos.
Entramos en la iglesia de tres naves y de estilo gótico del siglo XIII.
Delante del altar seis monjes cantan salmos, mientras nosotros, impresionados
por la sonoridad de aquel lugar, callamos y escuchamos con mucha atención. Nos
sentamos y miramos con atención a aquellos monjes, todos ellos mayores, menos
uno, joven, con un hábito diferente. Cuando terminan, nos levantamos y damos
una vuelta por la iglesia.
Al salir, le explico lo poco que sé de la iglesia y de la fecha de su
construcción.
- Abuelo, en qué idioma cantaban?
-En latín; ya te dije, cuando hablamos del Códice Calixtino, que era el idioma oficial de la iglesia hasta
hace pocos años. Es una lengua muerta, la hablaban los romanos y hoy está en
desuso, pero su importancia es tal porque de ella procede nuestra lengua, al
igual que el castellano, catalán, portugués, francés e italiano.
Se queda pensando; menos mal que no me pregunta por la lengua que habla
él con sus amigos en la escuela. Creo que tengo que informarme sobre eso porque
en cualquier momento lo va a hacer.
-Mira […] ese otro templo. Le llaman del Santo Espíritu; es
originalmente de estilo románico. Pero es conocido porque según la leyenda fue
aquí donde Roldán quiso romper su espada
Durendal.
Vemos más tarde la iglesia de Santiago. Ambas cerradas. Terminamos en
el hospital de peregrinos, donde se vienen acogiendo peregrinos desde el siglo
XII.
- Tenemos que coger la bici, ¿qué te parece?
- Muy chula. Me tienes que ayudar a subirme a ella.
- Vamos entonces.
- ¿Y qué es eso de románico o gótico?.
Ya sabía yo que de estas preguntas iban a surgir muchas. El caso es … cómo
explicárselas a un niño como Mikel.
-Mira, en principio el estilo románico es más antiguo que el gótico,
las paredes de estos edificios son más gruesas y las ventanas más pequeñas, por
lo tanto, es mucho más oscura por dentro. El edificio gótico tiene mayor altura
y en él entra mucha más luz. Los arcos románicos son así- le dibujo en la
pizarra con un pizarrín el arco de medio punto, sin más explicaciones- y los
arcos góticos se llaman apuntados u ojivales, y
son más o menos así- y hago lo mismo que con el arco de medio punto. No
precisas de muchos otros datos para diferenciarlos, de momento.
-¿Y lo que cubre la puerta también son arcos?
-Sí, por supuesto.
-Voy a dibujar en la pizarra una puerta románica y otra gótica.
Mientras tanto ya he subido al niño a la bicicleta y vamos hacia abajo
por una zona recta pensando que tendremos que hacer unos kilómetros por la
carretera, pues con la nieve no se sabe por donde pasaba el Camino ni podríamos
ir a pie sin quedar enterrados. Y todavía nos queda mucho que recorrer.
Así, pedaleando con mucho cuidado –la nieve llega hasta la carretera y
aún no tenemos la seguridad total de manejar bien la bici con el niño encima-, vamos
a veces hablando y a veces deleitándonos con el paisaje: impresionante,
inmaculado. Hace tempo que no veo cosa igual: Luz, si, luz del cielo y luz de
nieve.
Recuerdo el lugar donde vive el tío de Mikel, allá en Tromsø –en el
norte de Noruega- con la noche total en estas fechas, con la noche de
veinticuatro horas. ¡Qué necesaria es la nieve para aquel lugar! En esa noche
incesante que va desde noviembre hasta febrero, la nieve es su luz. Luz que
posteriormente arremete con fuerza hasta conquistar el día, hasta poder gozar
del “sol de medianoche” en los venideros meses.
Le cuento a Mikel lo bien que lo pasamos aquel día de pesca del mes de
mayo, con día todo el día –así es, aunque parezca una expresión poco afortunada-, en el pequeño fiordo donde se
encuentra la Isla de los Muertos: llamada así porque allí, en otro tiempo,
enterraban a los muertos mientras no se podía enterrar en tierra firme por la
dificultad del inverno; se llevaban allí para que, de esta manera, estuvieran
protegidos de los animales salvajes hasta que llegase el buen tiempo y pudiesen
inhumarlos en tierra santa. Allí vimos el sol de media noche, en un barco de
madera, parecido a los de Foz, de tres o cuatro marineros -el barco era de un
amigo de la tía Merete- mientras pescábamos con luz total, pesca abundante: en
dos lances con sedal y sin carnaza salieron en cada anzuelo un pez asido por cualquier
parte do su cuerpo, pesca sencilla para un neófito de la caña coma era yo.
Allí comimos un pez parecido a la merluza, cocido en un hornillo de
butano y con agua del mar, después de llegar a tierra firme en un fueraborda.
También en ese lugar vimos una familia de zorros árticos, todos ellos blancos
con la excepción del rabo que tenía un color parecido a los de nuestro país.
Una excursión inolvidable.
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