Quen
na vida quere andar, ten que ver,oir e calar.
(popular)
Mis notas dicen que Santo Domingo de La Calzada nació por haber Camino de
Santiago; es una ciudad puramente jacobea, fundada en el año 1040 por Santo
Domingo, que construyó un puente sobre el río Oja para que lo pudieran
atravesar los peregrinos. Su catedral fue construida sobre el sepulcro del
Santo; la planta es románica, pero como otras catedrales –entre ellas la de
Lugo- fue evolucionando hacia el estilo gótico y renacentista. En el interior
tiene una hornacina donde vive el gallo y la gallina en recuerdo de la leyenda
que dice que la gallina cantó después de asada (esta leyenda también se
repite en un pueblo de Portugal llamado Barcelos, también en Suiza, Alemania,
Francia y en Utrecht en Holanda... Se lo puedes decir a tus padres, ya que vais
con frecuencia a Utrecht).
Interesante es el paisaje que se aprecia desde la torre de sesenta y pico
metros, pues se divisa todo el valle. Esta vez no subiremos, no tenemos tiempo.
Enfrente podemos ver el Parador de Turismo con restos importantes del antiguo
hospital. La ciudad se despide por el puente del Santo. Merecido es que el
santo sea el patrón de los ingenieros de caminos. Como ciudad medieval goza del
diseño propio de la época.
Tomamos café, un zumo y unos aforcaditos, famosos dulces que se
hacen conocidos internacionalmente a través del boca a boca de los peregrinos.
Y continuamos el Camino.
Atravesamos el río y comenzamos la ligera subida por pistas hacia Griñón.
-Mikel, a ver si sabes solucionar esta adivinanza:
“De que haberá que encher un pucheiro
Para que pese menos que baleiro”
Puso la cara que pone cuando no entiende algo, aunque entendió
perfectamente; otra cosa es que no supiera la respuesta. A partir de ahora le
empieza a funcionar el disco duro de su cabecita. Decir, no dijo nada,
como si no fuera con él; y no preguntó nada. Buena señal.
Llegamos a Grañón, el último pueblo de la Rioja cerca del otero de Mirabel,
que como muchos otros pueblos se formó alrededor del castillo. Otros lo
hicieron alrededor de un monasterio.
-Aquí, por este lugar, -le dije al niño- dos hombres, uno de este pueblo y
el otro de Santo Domingo de la Calzada, debatieron en combate a muerte la
disputa de unas tierras. Al parecer ganó el vecino de Grañón y por eso
levantaron aquí esta cruz que lleva el nombre de los Valientes. El
pueblo, como todos, tiene una iglesia monumental dedicada a S. Juan Bautista.
- Lo habrán hecho como los pistoleros en las películas de vaqueros –dijo
Mikel. De todas maneras un poco brutos sí que eran.
-¿Sería al amanecer y con padrinos?-le dije yo- Darían los pasos de rigor,
media vuelta y ¡pum!
Arrimamos la bici a un muro, nos bajamos, y con unos palos que había en el
camino revivimos el desafío como en el cine de espadachines. Algo
grotesco, pero divertido, las risas del niño eran sonoras. A lo mejor lo hacían
de otra manera, pero lo que sí es cierto que uno mató al otro; en este caso el
muerto fui yo…sin sangre, claro.
Salimos del pueblo por unas pistas que delimitan las tierras con cereal,
parte importante del paisaje castellano en muchos quilómetros, durante el
siguiente recorrido. Vimos el cartel de bienvenida de la Comunidad de
Castilla-León anunciando que ya nos encontrábamos en la provincia de
Burgos. Divisamos, a la orilla de un arroyo, unas filas de chopos que alteraban
la monotonía del paisaje. Se utilizarían para dar sombra, para hacer algunos
muebles o como contrachapados, ¿quién sabe? Son árboles propios de
climas templados y de crecimiento rápido. Desde el panel ya vimos Redecilla
del Camino, primer pueblo castellano al que llegamos después de andar por
una larga recta. La tradición nos dice que en este pueblo nació Santo Domingo
de la Calzada allá por el nacimiento del milenio. Nos hacemos con folletos
informativos del Camino por Castilla, atravesamos la calle Mayor, y ya
nos encontramos en las afueras. Cruzamos la carretera nacional y así pasamos
por Castildelgado, ya camino de Viloria de Rioja, pueblo con un trazado
urbanístico típico medieval, en el que pudimos apreciar casas blasonadas
recuerdo de épocas, quizás, más prósperas y de mayor poder. Continuamos por
pistas paralelas a la carretera, de fácil recorrido. Llegamos a Villamayor
del Río y después de una cuesta bajamos a Belorado, pueblo bañado por el
río Tirón, desde donde se divisan restos de un antiguo castillo; urbanismo
medieval con las iglesias de Sta. María y San Pedro de los siglos XVI y XVII en
estilos, como es lógico, renacentista y barroco, respectivamente. Se veía que
era un pueblo con recursos, con comercio importante, industria de la piel, en
fin, un pueblo vivo: restaurantes, comercios, cafeterías…hasta con varios
albergues para peregrinos.
-Vamos a descansar un poco Mikel que, aunque hace frío, ya salió el sol y
se estará bien en esa terraza. Voy a pedir un vermut. ¿Tú qué quieres tomar?
-Yo un mosto, como los que toma la tía Aída, con patatas fritas, aunque
sean de bolsa.
Pedimos al camarero las bebidas, las patatas y unas olivas.
-Todo esto que llevamos andado es parte del Camino de Santiago. Pero
Santiago este Camino no lo recorrió ¿No es cierto? –me preguntó el niño.
-No, por supuesto. Cuenta la tradición que después de sufrir martirio en
Palestina, sus discípulos recuperaron su cuerpo y lo metieron en una barca de
piedra y de esa manera, navegando por todo el Mediterráneo llegó a Compostela,
pasando por Padrón, y antes por el océano Atlántico; en fin un largo viaje, que
para verlo como cierto, hay que tener mucha fe. En el siglo IX descubrieron los
restos del apóstol y eso dio origen a Santiago de Compostela. Más tarde del
descubrimiento comenzó la peregrinación por diferentes caminos. Entre ellos, el
más importante es este el llamado Camino Francés, que se podía llamar Europeo,
ya que llega desde mucho más allá de Francia, desde todos los países del
continente. A través del Camino nació una enorme cultura que ahora nosotros
estamos disfrutando. Te voy a contar una anécdota: cuando estuve en Jerusalén
fui a visitar la catedral de la Iglesia Armenia y estando allí un cura de esa
iglesia me llevó a rezar a una reliquia, que según ellos, es la cabeza de Santiago
el Mayor, el mismo Santiago que está enterrado en Compostela con su cuerpo
entero, ¿quién tendrá la razón?. De cualquier manera, como ya te he dicho
alguna que otra vez con respeto a la tumba de Santiago, lo mejor es no tocarla.
Sea como sea; la tradición, la economía, la cultura… que generó es tan grande
que el resto no importa.
-A los santos cuando morían los partían en cachos.-dice Mikel- ¿No es un
poco macabro?
-¿Cómo sabes esa palabra?
-Brais siempre intenta asustarme con cosas coma esa, y mi madre dice de él
que es algo macabro.
-Pobre Brais, algo bueno hará, ¿no crees? Sí, era algo macabro. Incluso
había un mercado de reliquias, en aquellas épocas. ¿Cuántas serán verdaderas?
Dicen que si se juntasen todas las astillas que se tienen por reliquias de la
cruz de Cristo, se harían cientos de cruces.
-Están muy ricos estos dulces que nos trajo el camarero. Voy a tener que
pedir otro mosto, que este no me ha llegado a nada.
-Mientras lo piensas, voy a comprar algo de comer en aquella tienda. Tú
espera sentado y repara de la bici.
Crucé la calle y entré en una tienda, con muchos años, una tienda de las de
antes, de las que había en mi juventud; aún conservaba la bomba del aceite para
despacharlo en cuartillos y medios litros; una vieja tienda: donde se
siente que allí el tiempo no era una preocupación. Un hombre de unos setenta
años –debió de comenzar a trabajar de pinche con diez o doce años, se le nota
su palidez; palidez de toda una vida recluido en la tienda y una chica de
rostro agradable, ni fea ni guapa, ni rubia ni morena, ni alta ni baja, con
hechuras comunes, con unos ojos pequeños pero muy expresivos. Los dos hablaban
con un matrimonio de viejos y una mujer de edad indefinida, entre los cincuenta
y sesenta; estaban comentando, por lo poco que pude escuchar, chismes del
lugar. Cuando se percataron de mi presencia dejaron de hablar y el ambiente se
sumió en un curioso silencio, interpretado con dos preguntas en mi imaginación:
¿quién es éste? y ¿qué desea? Todos los ojos se dirigieron hacia mi persona,
mientras yo permanecía parado, como esperando que despachasen a los clientes y
con la duda de si ya estaban atendidos o eran unos parroquianos que habían
entrado a pasar el tiempo, pues bolsas no llevaban.
Pasados esos segundos de impasse, la buena de la moza, con una
agradable sonrisa, se acercó a mí preguntando:
-¿En qué puedo servirlo, señor?
Dudé, ante la mirada interrogativa, no solo de ella sino también de todos
los clientes, y, atropelladamente, contesté:
-Quisiera doscientos gramos de jamón cocido, doscientos de queso de molde,
una lata de sardinas y otra de melocotones, además de un zumo de piña.
La chica sonrió con los ojos. Seguro que pensaba que me ruborizaría. O
mejor, creía que me impresionaba, como si fuese un mozo inexperto, independientemente
de mi edad. Me sentí incómodo. Sonreí y respiré a fondo –siempre lo hago cuando
tengo que controlar una situación especial-, pero al instante me di cuenta que
estaba haciendo el gilipollas, y que no era un hombre que entra en el
salón de una película de vaqueros y que el camarero le pregunta: “que desea
forastero?” Volví a sonreír cuando desperté de mi ensoñación con la
agarimosa (dulce) voz de la moza (no sé por qué me vino a la mente Aldonza
Lorenzo):
-Aquí tiene: jamón y queso ¿Qué otras cosas había pedido?
-Sardinas, melocotones y zumo de piña.
Dio media vuelta y deambuló de estantería en estantería hasta que depositó
el pedido en el mostrador.
-¿Algo más?
-Sí, dame, por favor, una libra de chocolate con almendras y dos tomates.
¡Ah! Me olvidaba, necesito un bollo de pan.
Repitió la operación y dijo:
-¿Alguna otra cosa?
- No, gracias. Dime lo que te debo.
Hizo las Cuentas en un papel con un pequeño lápiz, gastado de tanto
afilarlo.
-Son veintiún euros con cincuenta céntimos.
Le di un billete de veinte euros y dos euros sueltos, que llevaba en el
bolsillo. Ella me dio las vueltas que sacó de un cajón destartalado.
-Muchas gracias.
-Es usted muy amable.
Se lo dije mirándola fijamente a los ojos. Me pareció que se alteraba algo
por el rubor (eso pensé, la certeza no la tenía) y me lo agradeció con una
sonrisa. Salí con sus ojos clavados en la espalda y con la certeza que en los
próximos segundos se dedicarían a hablar de mí.
Cuando llegué, Mikel estaba hablando con su padre desde mi teléfono, que
había dejado encima de la mesa. Aproveché para hacer una cosa que nadie puede
hacer por mí, o como dice Jeroen: “voy hablar con Roca”. Al regresar ya
había colgado.
-¿Todo bien?
-Perdió el Ajax.
-Siempre os queda el Barcelona.
Montamos en la bici, después de pagar la consumición al camarero, y
enfilamos la calle Hipólito López Bernal y la avda. Camino de Santiago,
cruzamos la carretera y también el río Tirón por un puente de madera. Seguimos
el recorrido con una ligera y cómoda subida hasta Villafranca, con restos
importantes de ermitas, como la tallada en la roca de Nuestra Señora de la
Peña y pasamos por Villabistia.
-Aquí se cuenta–paramos para hablar- que en esta fuente de cuatro caños
mana agua que da vitalidad para combatir el cansancio. No bebemos, por
precaución, pero sí que vamos a las manos y, si te parece bien, la cara; para
mantener la tradición.
-Para la cara está algo fría, llega con las manos.
Subimos en la bici de nuevo y le dije al niño:
-Escribe en la pizarra: f….alta.
Se mordió el labio inferior (exageradamente) y después de echar el aire
unió el sonido a la sílaba al –mientras lo iba escribiendo- a
continuación ta, sin necesidad de pronunciarla. Volvió a hacerlo
con f…anta. fiesta, fuerte… p...alma, b…alcón,
c…aldo…
Con estas llegamos a Villafranca de Montes de Oca, después de pasar
por Espinosa del Camino.
-Su nombre viene de que sus primeros habitantes, que debieron de ser de
origen franco. Hasta los primeros años del segundo milenio fue sede episcopal
(según mis notas). Tiene una curiosa pila de agua bendita en forma de concha
-la más grande del Camino, traída de Filipinas- la iglesia de estilo neoclásico
está dedicada a Santiago Apóstol (s.XVIII). También tiene un hospital de
peregrinos del s.XIV, hoy restaurado. La iglesia está cerrada.
Tuvimos la suerte “vaya chorra” –diría el bueno de nuestro amigo
Servando- de que en ese momento entraba el cura y nos dejó pasar para que
pudiéramos contemplar la pila bautismal.
Seguimos nuestro camino -aún nos quedaban doce quilómetros hasta llegar a San
Juan de Ortega- por unos parajes que en otro tiempo eran de un peligro
extremo. Con un comienzo muy duro, bajamos de la bici y lo tomamos con calma.
Llegamos al mirador de las sierras de la Demanda y en la fuente de Mojapán,
donde la subida se hace más cómoda, decidimos parar para comer.
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