sábado, 2 de maio de 2015

XX. Reliquias



Quen na vida quere andar, ten que ver,oir e calar.

(popular)


Mis notas dicen que Santo Domingo de La Calzada nació por haber Camino de Santiago; es una ciudad puramente jacobea, fundada en el año 1040 por Santo Domingo, que construyó un puente sobre el río Oja para que lo pudieran atravesar los peregrinos. Su catedral fue construida sobre el sepulcro del Santo; la planta es románica, pero como otras catedrales –entre ellas la de Lugo- fue evolucionando hacia el estilo gótico y renacentista. En el interior tiene una hornacina donde vive el gallo y la gallina en recuerdo de la leyenda que dice que la gallina cantó después de asada (esta leyenda también se repite en un pueblo de Portugal llamado Barcelos, también en Suiza, Alemania, Francia y en Utrecht en Holanda... Se lo puedes decir a tus padres, ya que vais con frecuencia a Utrecht).
Interesante es el paisaje que se aprecia desde la torre de sesenta y pico metros, pues se divisa todo el valle. Esta vez no subiremos, no tenemos tiempo. Enfrente podemos ver el Parador de Turismo con restos importantes del antiguo hospital. La ciudad se despide por el puente del Santo. Merecido es que el santo sea el patrón de los ingenieros de caminos. Como ciudad medieval goza del diseño propio de la época.

Tomamos café, un zumo y unos aforcaditos, famosos dulces que se hacen conocidos internacionalmente a través del boca a boca de los peregrinos.

Y continuamos el Camino.

Atravesamos el río y comenzamos la ligera subida por pistas hacia Griñón.

-Mikel, a ver si sabes solucionar esta adivinanza:

“De que haberá que encher un pucheiro
Para que pese menos que baleiro”

Puso la cara que pone cuando no entiende algo, aunque entendió perfectamente; otra cosa es que no supiera la respuesta. A partir de ahora le empieza a funcionar el disco duro de su cabecita. Decir, no dijo nada, como si no fuera con él; y no preguntó nada. Buena señal.

Llegamos a Grañón, el último pueblo de la Rioja cerca del otero de Mirabel, que como muchos otros pueblos se formó alrededor del castillo. Otros lo hicieron alrededor de un monasterio.

-Aquí, por este lugar, -le dije al niño- dos hombres, uno de este pueblo y el otro de Santo Domingo de la Calzada, debatieron en combate a muerte la disputa de unas tierras. Al parecer ganó el vecino de Grañón y por eso levantaron aquí esta cruz que lleva el nombre de los Valientes. El pueblo, como todos, tiene una iglesia monumental dedicada a S. Juan Bautista.
- Lo habrán hecho como los pistoleros en las películas de vaqueros –dijo Mikel. De todas maneras un poco brutos sí que eran.
-¿Sería al amanecer y con padrinos?-le dije yo- Darían los pasos de rigor, media vuelta y ¡pum!

Arrimamos la bici a un muro, nos bajamos, y con unos palos que había en el camino revivimos el desafío como en el cine de espadachines. Algo grotesco, pero divertido, las risas del niño eran sonoras. A lo mejor lo hacían de otra manera, pero lo que sí es cierto que uno mató al otro; en este caso el muerto fui yo…sin sangre, claro.

Salimos del pueblo por unas pistas que delimitan las tierras con cereal, parte importante del paisaje castellano en muchos quilómetros, durante el siguiente recorrido. Vimos el cartel de bienvenida de la Comunidad de Castilla-León  anunciando que ya nos encontrábamos en la provincia de Burgos. Divisamos, a la orilla de un arroyo, unas filas de chopos que alteraban la monotonía del paisaje. Se utilizarían para dar sombra, para hacer algunos muebles o como contrachapados, ¿quién sabe? Son árboles propios de climas templados y de crecimiento rápido. Desde el panel ya vimos Redecilla del Camino, primer pueblo castellano al que llegamos después de andar por una larga recta. La tradición nos dice que en este pueblo nació Santo Domingo de la Calzada allá por el nacimiento del milenio. Nos hacemos con folletos informativos del Camino por Castilla, atravesamos la calle Mayor, y ya nos encontramos en las afueras. Cruzamos la carretera nacional y así pasamos por Castildelgado, ya camino de Viloria de Rioja, pueblo con un trazado urbanístico típico medieval, en el que pudimos apreciar casas blasonadas recuerdo de épocas, quizás, más prósperas y de mayor poder. Continuamos por pistas paralelas a la carretera, de fácil recorrido. Llegamos a Villamayor del Río y después de una cuesta bajamos a Belorado, pueblo bañado por el río Tirón, desde donde se divisan restos de un antiguo castillo; urbanismo medieval con las iglesias de Sta. María y San Pedro de los siglos XVI y XVII en estilos, como es lógico, renacentista y barroco, respectivamente. Se veía que era un pueblo con recursos, con comercio importante, industria de la piel, en fin, un pueblo vivo: restaurantes, comercios, cafeterías…hasta con varios albergues para peregrinos.

-Vamos a descansar un poco Mikel que, aunque hace frío, ya salió el sol y se estará bien en esa terraza. Voy a pedir un vermut. ¿Tú qué quieres tomar?
-Yo un mosto, como los que toma la tía Aída, con patatas fritas, aunque sean de bolsa.

Pedimos al camarero las bebidas, las patatas y unas olivas.

-Todo esto que llevamos andado es parte del Camino de Santiago. Pero Santiago este Camino no lo recorrió ¿No es cierto? –me preguntó el niño.
-No, por supuesto. Cuenta la tradición que después de sufrir martirio en Palestina, sus discípulos recuperaron su cuerpo y lo metieron en una barca de piedra y de esa manera, navegando por todo el Mediterráneo llegó a Compostela, pasando por Padrón, y antes por el océano Atlántico; en fin un largo viaje, que para verlo como cierto, hay que tener mucha fe. En el siglo IX descubrieron los restos del apóstol y eso dio origen a Santiago de Compostela. Más tarde del descubrimiento comenzó la peregrinación por diferentes caminos. Entre ellos, el más importante es este el llamado Camino Francés, que se podía llamar Europeo, ya que llega desde mucho más allá de Francia, desde todos los países del continente. A través del Camino nació una enorme cultura que ahora nosotros estamos disfrutando. Te voy a contar una anécdota: cuando estuve en Jerusalén fui a visitar la catedral de la Iglesia Armenia y estando allí un cura de esa iglesia me llevó a rezar a una reliquia, que según ellos, es la cabeza de Santiago el Mayor, el mismo Santiago que está enterrado en Compostela con su cuerpo entero, ¿quién tendrá la razón?. De cualquier manera, como ya te he dicho alguna que otra vez con respeto a la tumba de Santiago, lo mejor es no tocarla. Sea como sea; la tradición, la economía, la cultura… que generó es tan grande que el resto no importa.
-A los santos cuando morían los partían en cachos.-dice Mikel- ¿No es un poco macabro?
-¿Cómo sabes esa palabra?
-Brais siempre intenta asustarme con cosas coma esa, y mi madre dice de él que es algo macabro.
-Pobre Brais, algo bueno hará, ¿no crees? Sí, era algo macabro. Incluso había un mercado de reliquias, en aquellas épocas. ¿Cuántas serán verdaderas? Dicen que si se juntasen todas las astillas que se tienen por reliquias de la cruz de Cristo, se harían cientos de cruces.
-Están muy ricos estos dulces que nos trajo el camarero. Voy a tener que pedir otro mosto, que este no me ha llegado a nada.
-Mientras lo piensas, voy a comprar algo de comer en aquella tienda. Tú espera sentado y repara de la bici.

Crucé la calle y entré en una tienda, con muchos años, una tienda de las de antes, de las que había en mi juventud; aún conservaba la bomba del aceite para despacharlo en cuartillos y medios litros; una vieja tienda: donde se siente que allí el tiempo no era una preocupación. Un hombre de unos setenta años –debió de comenzar a trabajar de pinche con diez o doce años, se le nota su palidez; palidez de toda una vida recluido en la tienda y una chica de rostro agradable, ni fea ni guapa, ni rubia ni morena, ni alta ni baja, con hechuras comunes, con unos ojos pequeños pero muy expresivos. Los dos hablaban con un matrimonio de viejos y una mujer de edad indefinida, entre los cincuenta y sesenta; estaban comentando, por lo poco que pude escuchar, chismes del lugar. Cuando se percataron de mi presencia dejaron de hablar y el ambiente se sumió en un curioso silencio, interpretado con dos preguntas en mi imaginación: ¿quién es éste? y ¿qué desea? Todos los ojos se dirigieron hacia mi persona, mientras yo permanecía parado, como esperando que despachasen a los clientes y con la duda de si ya estaban atendidos o eran unos parroquianos que habían entrado a pasar el tiempo, pues bolsas no llevaban.
Pasados esos segundos de impasse, la buena de la moza, con una agradable sonrisa, se acercó a mí preguntando:

-¿En qué puedo servirlo, señor?

Dudé, ante la mirada interrogativa, no solo de ella sino también de todos los clientes, y, atropelladamente, contesté:

-Quisiera doscientos gramos de jamón cocido, doscientos de queso de molde, una lata de sardinas y otra de melocotones, además de un zumo de piña.

La chica sonrió con los ojos. Seguro que pensaba que me ruborizaría. O mejor, creía que me impresionaba, como si fuese un mozo inexperto, independientemente de mi edad. Me sentí incómodo. Sonreí y respiré a fondo –siempre lo hago cuando tengo que controlar una situación especial-, pero al instante me di cuenta que estaba haciendo el gilipollas, y que no era un hombre que entra en el salón de una película de vaqueros y que el camarero le pregunta: “que desea forastero?” Volví a sonreír cuando desperté de mi ensoñación con la agarimosa (dulce) voz de la moza (no sé por qué me vino a la mente Aldonza Lorenzo):

-Aquí tiene: jamón y queso ¿Qué otras cosas había pedido?
-Sardinas, melocotones y zumo de piña.

Dio media vuelta y deambuló de estantería en estantería hasta que depositó el pedido en el mostrador.

-¿Algo más?
-Sí, dame, por favor, una libra de chocolate con almendras y dos tomates. ¡Ah! Me olvidaba, necesito un bollo de pan.

Repitió la operación y dijo:

-¿Alguna otra cosa?
- No, gracias. Dime lo que te debo.

Hizo las Cuentas en un papel con un pequeño lápiz, gastado de tanto afilarlo.

-Son veintiún euros con cincuenta céntimos.

Le di un billete de veinte euros y dos euros sueltos, que llevaba en el bolsillo. Ella me dio las vueltas que sacó de un cajón destartalado.

-Muchas gracias.
-Es usted muy amable.

Se lo dije mirándola fijamente a los ojos. Me pareció que se alteraba algo por el rubor (eso pensé, la certeza no la tenía) y me lo agradeció con una sonrisa. Salí con sus ojos clavados en la espalda y con la certeza que en los próximos segundos se dedicarían a hablar de mí.

Cuando llegué, Mikel estaba hablando con su padre desde mi teléfono, que había dejado encima de la mesa. Aproveché para hacer una cosa que nadie puede hacer por mí, o como dice Jeroen: “voy hablar con Roca”. Al regresar ya había colgado.

-¿Todo bien?
-Perdió el Ajax.
-Siempre os queda el Barcelona.
Montamos en la bici, después de pagar la consumición al camarero, y enfilamos la calle Hipólito López Bernal y la avda. Camino de Santiago, cruzamos la carretera y también el río Tirón por un puente de madera. Seguimos el recorrido con una ligera y cómoda subida hasta Villafranca, con restos importantes de ermitas, como la tallada en la roca de Nuestra Señora de la Peña y pasamos por Villabistia.

-Aquí se cuenta–paramos para hablar- que en esta fuente de cuatro caños mana agua que da vitalidad para combatir el cansancio. No bebemos, por precaución, pero sí que vamos a las manos y, si te parece bien, la cara; para mantener la tradición.

-Para la cara está algo fría, llega con las manos.

Subimos en la bici de nuevo y le dije al niño:

-Escribe en la pizarra: f….alta.

Se mordió el labio inferior (exageradamente) y después de echar el aire unió el sonido a la sílaba al –mientras lo iba escribiendo- a continuación ta, sin necesidad de pronunciarla. Volvió a hacerlo con f…anta. fiesta, fuerte… p...alma, b…alcón, c…aldo

Con estas llegamos a Villafranca de Montes de Oca, después de pasar por Espinosa del Camino.

-Su nombre viene de que sus primeros habitantes, que debieron de ser de origen franco. Hasta los primeros años del segundo milenio fue sede episcopal (según mis notas). Tiene una curiosa pila de agua bendita en forma de concha -la más grande del Camino, traída de Filipinas- la iglesia de estilo neoclásico está dedicada a Santiago Apóstol (s.XVIII). También tiene un hospital de peregrinos del s.XIV, hoy restaurado. La iglesia está cerrada.

Tuvimos la suerte “vaya chorra” –diría el bueno de nuestro amigo Servando- de que en ese momento entraba el cura y nos dejó pasar para que pudiéramos contemplar la pila bautismal.


Seguimos nuestro camino -aún nos quedaban doce quilómetros hasta llegar a San Juan de Ortega- por unos parajes que en otro tiempo eran de un peligro extremo. Con un comienzo muy duro, bajamos de la bici y lo tomamos con calma. Llegamos al mirador de las sierras de la Demanda y en la fuente de Mojapán, donde la subida se hace más cómoda, decidimos parar para comer.

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