Segue a formiga se
queres andar sen fatiga.
(popular)
Estamos en la antesala de Ponferrada, en una gran llanura en el cruce de
los ríos Sil y Boeza. Importante ciudad que debe su desarrollo al Camino y al
carbón.
Frutas y hortalizas; envasado de vegetales: pimientos, castañas…;
ganadería; industria: palas de autogeneradores, aceros, cristal, cemento,
electricidad…
Campus universitario.
Centro administrativo de la comarca del Bierzo.
Ponferrada es la capital del Bierzo. Tiene una población en
el área metropolitana de 95.000 habitantes. En el s. XI el obispo de Astorga
ordenó la construcción de un puente sobre el Sil para los peregrinos a
Santiago: Pons Ferrata… Ponte Ferrato…
Ponferrada.
Dueños y señores fueron los
templarios hasta su desaparición, habitaron el primer castillo. Después
perteneció a la familia de los Osorio,
más tarde a los Condes de Lemos, a los Reyes Católicos…Al tiempo que se iba
ampliando la fortaleza.
La Basílica de la Encina comienza a construirse en el s. XVI sobre otra de
origen medieval, la torre es del XVII.
El castillo domina el valle y la ciudad. En él nos encontramos después de
dejar la bici, pedir habitación y ducharnos en el Hotel El Castillo. Después
visitamos el entorno, comenzando por el propio castillo.
-Mira, el castillo era el centro de la vida en el medievo: vivienda de la
nobleza, refugio de los campesinos ante un ataque, prisión, lugar donde se
custodiaban las riquezas, arsenal de armas, centro de administración, albergue
de las tropas, campo de adiestramiento… La nobleza, o mejor el señor de la
fortaleza, vivía en la torre del homenaje. El castillo estaba protegido por un
foso de agua o un barranco unido al camino por un puente levadizo. Se defendía
en caso de ataque con las flechas que tiraban los arqueros y los besteiros (guerreros armados con una
bésta), además de tirar piedras, agua o aceite hirviendo a los atacantes que
pretendían subir con escaleras.
Para tomar el castillo utilizaban catapultas –le dibujé una con un palito
en la tierra del suelo-, hacían túneles y excavaban en los muros para
derribarlos. Pero, el más utilizado era el asedio:
se rodeaba la fortaleza para que no pudiera salir nadie y después de meses
tenían que rendirse por falta de comida.
- ¿Y cómo hacían con el agua? Algún castillo está en lo alto del monte y no
tiene pozo.
-Aprovechaban el agua de la lluvia, la recogían en aljibes pintados con
pintura de hierro para conservarla. Los aljibes los situaban en los sótanos de
la torre del homenaje, que era el último lugar donde se refugiaban si asaltaban
el castillo. Ahora cierra los ojos e imagina que están asaltando el castillo…
-Ve muchos muertos, mucho barullo, mucho humo… ¡Uf, qué miedo!
Recorrimos todas las dependencias y fuimos comentando la vida de la Edad
Media, la preparación para la guerra de los caballeros, los adiestramientos con
las diferentes armas, las justas, la caza y la necesidad de bosques próximos
para practicarla, las miserias del campesinado reventados de trabajar para
mantener a toda la nobleza y a todos los clérigos; eran pocos para trabajar y
muchos para comer y, encima, cuando venían mal dadas los que padecían hambre
eran las clases menos favorecidas. El Dios-Cristo castigador, representado en
el pantocrátor, en el crismón, siempre amenazante…y para más
los asaltantes de caminos, ladrones, vagabundos, en fin, suciedad y miseria
tanto en el cuerpo como en el alma, ¡oh! maldito pecado…
-Y siendo todo esto así, ¿cómo había gente que hacía El Camino? - preguntó
Mikel-, con la cantidad de peligros con los que se podía encontrar…
-La nobleza iba bien protegida. Para el resto era toda una aventura.
Muchos, cuando iniciaban el Camino, incluso hacían el testamento por miedo a no
regresar.
-Nosotros lo hacemos para pasarlo bien. Comemos cuando tenemos hambre,
dormimos donde queremos; gozamos del paisaje, de los monumentos, de las
personas, hacemos alguna que otra gamberrada
que no os vamos a contar; y tú, encima, ya has degustado todo el vino de medio
país… Nuestras motivaciones non son muy religiosas que digamos. ¿Por qué lo
harían ellos?
El niño se quedó mirando al infinito y pensando sabe Dios en qué…
-Unos lo hacían por motivaciones religiosas, como para purgar los pecados,
por promesas por haber superado una enfermedad o por haberse salvado de ella,
tanto él como un familiar; o simplemente para hacer méritos ante Dios. Incluso
los había que lo hacían por encargo. Otros por sobrevivir. Otros por
vagabundear. Por robar. Por afán de aventuras. Por cuestiones esotéricas… En
fin, por el misterio que encierra El Camino. Parecidos son los motivos por lo
que se hace ahora.
Eso sí, con mucha más seguridad que antes, aunque a veces tengamos que
transportar chinches como ocurría en
la Edad Media.
Y cuando ya iba anocheciendo nos divertimos un poco recitando unos cantares de ciego. Nos pusimos las puchas (gorras) que llevábamos para el
sol y las gafas oscuras.
-Yo voy a hacer de ciego y tú de lazarillo.
¿Qué te parece?
-Yo no sé cantares de ciego.
-Lo único que tienes que hacer es presentarme, eso lo haces bien, y después
repetir el último verso de cada estrofa, vamos a ver cómo te sale:
O Alalá foi a Roma
o Alalá foi e veu,
foi dicirlle ao Padre Santo
que viñese ao xubileu?
- ¿Que viñese ao xubileu? -dijo
Mikel.
-Muy bien, vamos allá. Dame la mano y guíame como si fuera ciego. Nos
sentamos en la entrada del castillo.
Repasamos nuestra futura actuación y al terminar el niño se decidió a
pregonar:
- ¡Señores y señoras! ¡Presten
atención a las coplas del ciego de Bosende! Aprendan, piensen… y gocen.
Mientras hablaba el niño, yo tocaba la flauta con música de fondo
interpretando Negra Sombra.
Voulles dicir unha cousa
que os ei de facer rir
un gaiteiro moi gracioso
un día do mes d´abril .
Il chamábase Cristovo
i-a súa muller Micaela
tocaba nas romerías
fuliadas e nas
festas.
Ganaba moito diñeiro
tocando a súa gaitiña
homes, rapaces e vellos
rabeaban por oíla.
Cristovo na foliada
bebeu demais unha pinga
e despois vendeu a gaita
sin sabe-lo que
facía.
E cando chega á casa
borracho com´on pelexo
¿qué lle fixeches á gaita?
Cristovo que non
cha vexo.
A miña gaita vendina
á noite na foliada
porque estaba acabadiña
vella xa non
tocaba.
Sácate d´ei Cristovo
sinvergonza e porcalleiro
para que vendiche-la gaita
s´eu sin gaita non
te quero.
Cristovo qu´aquello dixo
salió coa cabeza baixa
dicindo: válgame Dios
para qu´eu vendería
a gaita.
Cristovo ó ver aquello
comprou outra nova gaita
entrou pola casa adiante
tocando unha
ribeirana.
Miña Mica, Micaela
podes estar contentiña
tráioche outra gaita nova
moito millor que a
que tiña.
Micaela ó ver aquello
botoulle as maus ó punteiro
E dixo bailando sóla
Tirulí, meu
gaiteiro.
Mikel no se cortaba nada y pasaba
la gorra al tiempo que anunciaba:
-La siguiente copla, menos festiva, más trágica, más truculenta, solo se
puede contar porque no hay niños que puedan escuchar, ya que no serían capaces
de poder dormir esta noche: ¡Damas y
caballeros! Con ustedes el Ciego de
Bosende les recitará “O Cantar de
Cego de Vilacastelo” …
Aplausos, gorra y sonrisa engatusadora…
Finalizado el romance:
-Y, para terminar, escuchen algo que pasó en la realidad, un caso clarísimo
de violencia de género:
“El hombre secuestrado en una
cuadra, durante dos años, por su malvada mujer” (1)
Finalizado…, mucha gente aplaudiendo… Mikel disfrutando con su gorra
haciendo de bufón, dando saltos como
los saltimbanquis… y la gente riendo.
Nos levantamos, el niño me dio la mano y nos marchamos hacia el hotel, yo
no veía un carallo (nada) por culpa
de la noche y de las gafas tan oscuras. Entramos, nos cambiamos de look y volvimos a salir para recorrer la
ciudad comenzando por el ayuntamiento.
-Abuelo, junté treinta y tres euros y cincuenta céntimos.
-Dirás juntamos.
-No, que a ti te daba vergüenza pasar la gorra.
- ¡Vaya morro que tienes!
-Bien, te invitaré a un grolo
(trago) de vino y no te quejes, que no mereces más.
Fuimos andando por la zona vieja. Pasamos por debajo de una antigua puerta
de la muralla y nos encontramos con el Concejo, un edificio con dos torres y
con el escudo de la ciudad en el centro de la fachada, nos recordamos del
Ayuntamiento o de Astorga sin el reloj con los maragatos, y con una
arquitectura más sencilla. Posteriormente entramos en una bodega con pinta de
tener buen vino.
- ¡Mira abuelo, aquí debe de beberse buen vino!
- ¿Y aquí es dónde quieres convidar…? Vamos. Recuerda lo que dijo el
peregrino Künig von Vach en el s. XV: “Atención
al vino de Villefranken, que resbala por la garganta como las lágrimas de un
cirio” Así que hay que tener cuidado…aunque no tenemos que coger la bici,
de aquí iremos a la cama.
Pedimos vino de la zona y un mosto, también una tapa de chorizo con cierto
picante que tiraba por la bebida.
Seguimos por las viejas calles de la ciudad. Pateamos la Ponferrada antigua
hasta que encontramos un mesón que nos pareció el idóneo, como así fue, para
cenar; agradable con la decoración, ambiente fresco por las viejas paredes, no
por los artefactos refrigeradores. La comida estaba bien preparada y bien
presentada; así degustamos: un plato de cecina
con pimientos asados del Bierzo, truchas y tarta de manzana de las pomaradas
del valle, regado con vino de uva mencía
y zumo, esta vez fresco. Dejamos el café para disfrutarlo en una terraza. Hacía
una noche muy agradable como para tomarlo con tranquilidad, sin prisas; la
etapa del día siguiente, sobre todo a primera parte, era muy llana y el
esfuerzo sería menor, aunque había que contar con el calor que por esa tierra
aprieta mucho.
Caminamos hacia el hotel. Cama y sueño reparador.
Después de desayunar y de repasar la prensa del lugar, retomamos el Camino
llamando un poco la atención con Mikel montado no trebello (curiosa bicicleta) con un paraguas desplegado, no porque
lloviera, sino por la fuerza del sol que ya apretaba bien y disfrutando por
acaparar la atención del personal. Parecíamos seres de otro planeta, o mejor un
par de locos, con un paraguas con los colores del Club Deportivo Lugo (lista
rojas y blancas), y que por medio de un arreglo nos permitía tenerlo abierto
sin necesidad de ocupar las manos, y que apenas desplegamos con anterioridad
por qué tener necesidad en todo el viaje, y ahora había llegado el momento.
Salimos de la ciudad por calles estrechas, anchas, aceras, semáforos,
avenidas… Andábamos para adelante, preguntábamos, andábamos hacía, por culpa de
las confusiones; cuando no encontrábamos las señales o cuando nos parecía que
faltaban.
(1) “Cantos, coplas e romances de cegos” recogidos por
Baldomero Iglesias Dobarrio (MERO) e Xosé Luis Rivas Cruz (MINI)
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