Ti es a miña
escritura.
O meu poema é a túa
realidade.
J. Luis Calvo
Después de que las hurracas emprendiesen el vuelo, por supuesto por la
derecha, nosotros continuamos el camino disfrutando de lo relajante que era
admirar el paisaje de viñedos. Recorrimos un tramo de bajada y llegamos a
Cacabelos.
-Cacabelos. Cuando era pequeño,
los sábados iba, a veces, a buscar a mi padre a un almacén de vinos que tenía
ese nombre. Creo que en aquella época había más de uno en Lugo. El avolo (bisabuelo) Ángel también iba al
mismo almacén al terminar la jornada de trabajo. El vino se bebía por un
pequeño porrón de cristal. El nombre del establecimiento era El Cacabelos y el
vino era de esta zona. Tenía, según decían los entendidos, buen paladar y abundantes
grados.
Cacabelos está situado entre Ponferrada y Villafranca del Bierzo. La
Historia relaciona a Cacabelos con un importante castro que los romanos
denominan Bergidum Flavium, ciudad
indígena prerromana Bergidum… que se
va a convertir en Bierzo,
posiblemente. La importancia de Cacabelos se debe fundamentalmente a los
viñedos (se dice que la vid la trajeron los monjes de Carracedo) y al Camino de
Santiago, pues estuvo muy vinculado al arzobispado de Santiago hasta el s. XIX.
El arzobispo Diego Xelmírez ayudó en la construcción de edificios, entre ellos
la iglesia de Santa María, de la que se conserva el ábside románico y en el
pórtico una Virgen del s. XIII (románica, coronada como reina y señora en
oración y sentada), que según la tradición procede de un primitivo templo
aprovechado en la capilla del cementerio. El resto fue remozado en el s. XVI.
La torre y el coro son recientes, de principios del s. XX. En el s. XIII el rey
autoriza y concede permiso al arzobispado para celebrar una feria con transacciones
comerciales durante quince días. Otra curiosidad es el tributo que implanta Alfonso VII: “…seis modios (medida
romana=8,75 litros, aparece como medida de capacidad, no de peso) de plata,
tres de trigo, una vaca, tres puercos, tres miedros (12 cántaros) de vino,
cuatro carneros, veinte gallinas, cien huevos, dos libras (una libra equivale a
0,454 kg.) de cera, una de pimientos y una senada (porción de cosas que caben
debajo de la saya) de veinte modios (difícilmente le pueden caber debajo de la
saya) que se entregará por la fiesta de San Martín.”
Las casas de Cacabelos se fueron alineando a lo largo del Camino. Entramos
por el Campo de San Bartolo y por la otrora
famosa Fuente de la Salud. En la Plaza de San Lázaro existía un hospital
o lazareto destinado a enfermos contagiosos;
este hospital está documentado. Llegamos a la iglesia parroquial de Santa María de la Plaza. Existió otro
hospital sostenido por los vecinos conocido como el Hospital del Pueblo y posteriormente se fundaron hospitales en otras
épocas de la historia de este pueblo s. XIV y XVI.
Cesa su dependencia del arzobispado de Santiago en el s. XV, época en la
que el obispo dona la villa al Conde de Lemos y después de varios cambios se convierte
en Ayuntamiento en el s. XIX.
Es de destacar que en los primeros años del s. XIX va a sufrir mucho en su
desarrollo económico y social debido a tres hechos muy importantes: la Guerra de la Independencia, la
Desamortización (proceso iniciado por Godoy por el que se expropian y se venden
en puja pública todos los bienes de la Iglesia y de las Órdenes Religiosas) y
una devastadora plaga de filoxera que destruyó los viñedos. La explicación
que le di a Mikel fue más sencilla: guerra
contra los franceses (batalla sita en el propio puente entre franceses e
ingleses), coger y vender, y enfermedad; no profundicé más en las
importantes consecuencias de las que él se percató a su manera.
Posee mucha riqueza patrimonial que recomendamos al visitante.
Continuamos por el paisaje ondulado de viñedos y más viñedos, sudando
debido al sol y a una cuesta a la llegada a Pieros,
donde destaca la iglesia de San
Martín, consagrada en el s. XI por Osmundo, obispo astorgano.
Y ya, camino de Villafranca, camino desviado y vuelto a desviar por mor del
aprovechamiento de los viñedos, arcén por una carretera con el firme ondulado, y
una fuerte subida hasta llegar a las primeras casas de la villa. Situada en el
valle delimitado por los ríos Valcarce y
Burbia, históricamente el núcleo más importante del Bierzo y rivalizando
con Ponferrada. En el año 1822 y de una manera efímera fue la capital de la
quinta provincia gallega. El origen, como en otras villas del Camino, se debe al
establecimiento de una comunidad de francos y la fundación de una comunidad de
monjes cluniacenses en el s XI; por cierto, por estas fechas la mitad de la población
era extranjera. En la Baja Edad Media pasará a depender de varios señores,
tanto eclesiásticos como civiles, hasta que los Reyes Católicos en el s. XV
otorgan el marquesado de Villafranca a Juan
de Osorio y Luis Pimentel, que
engrandecieron la villa con iglesias y conventos.
Lazareto fundado en el s. XII y hospital de Santiago del que aún se
conserva su edificio que llegó a tener botica e iglesia propia. Hospital de S. Roque, de S. Juan y de la Villa o de
los Pobres.
En el alto de la villa se encuentra el castillo de los marqueses de
Villafranca del s. XVI incendiado en la Guerra de la Independencia y llegó a
ser penal. Reconstruido en el s. XIX, de planta cuadrada rematado con material
de ladrillos, en las esquinas tiene cuatro torres con matacán (zona que sobresale
con agujeros para ver al enemigo y poder tirar piedras o aceite hirviendo…) Tiene
varios escudos de las familias que lo habitaron.
- ¿A qué te gusta eso del matacán? Seguro que ya te imaginas haciéndole
alguna falcatruada (travesura) a
Brais.
- ¡Qué mal pensado eres! Pues no, estaba pensando en ti…
-Ya decía yo… ¡Anda! Vamos a ver la iglesia de Santiago.
Es un templo románico del s. XIII y un ejemplo de la transición del
románico al gótico; tiene una sola nave de bóveda de cañón con un ábside típico
del románico. De las dos puertas, la más interesante es la del Perdón con escenas de la vida de Cristo,
por un lado, y por el otro con escenas vegetales y de animales fantásticos; en
la arquivolta exterior está representado Cristo en Majestad. Cuenta la
tradición que los peregrinos que por cualquier impedimento non podían continuar
a Compostela, comulgaban de rodillas en las escaleras de la Puerta del Perdón, y
tenían los mismos méritos religiosos que si lo hiciesen en la Catedral de
Santiago.
Convento de la Anunciada, Colegiata
de Santa María (la única que encontramos
abierta, con un caos arquitectónico apreciable, varias escuelas constructivas…
a mí me gustó y a Mikel le impresionó). Convento
de San José. Convento de la Concepción. Monasterio de S. Francisco. Iglesia de
S. Juan. Hospital de Peregrinos… Esto precisa de un fin de semana y
tranquilidad, sosiego y a gozar de su afamada gastronomía…
-Vamos a dar una vuelta por las estrechas callejuelas, comprar algo para
comer y escoger entre la salida por Pereje o Pradela.
-Yo tengo ganas de un helado de chocolate.
-A por ellos que son pocos y
pequeños.
-Recuerda aquello que me cantabas: “ellos
eran cuatro y nosotros ocho, menuda paliza que nos dieron ellos a nosotros; yo
como el más fuerte me tiré al más flojo, me cago en la leche, si no me lo quitan,
sácame los ojos.
Compramos comida. Nos sentamos en una terraza y Mikel tomó su helado y yo mi
café; no sin antes llevar por delante un par de huevos con patatas y jamón
frito.
Recogimos e iniciamos la etapa undécima según el Códice Calixtino, la etapa
que va de Villafranca hasta Triacastela. Habíamos pensado hacerla en dos jornadas.
Pasamos por delante del monumento al peregrino.
Cruzamos el río Burbia y continuamos hacia Pereje. Hicimos la elección por ser la ruta más aceptada.
Primero por el arcén de la carretera y con la compaña del río Valcárcel, incómodo
camino, pero mejorado en los últimos tiempos, pues el grueso de la circulación
va por la autovía. Varios viaductos protegen al caminante, lo mismo que la hilera de chopos y castaños que lleva a Pereje.
A principios del s. XII se dio una sonora disputa que enfrentó a los monjes
cluniacenses de Villafranca con los
monjes de Aurillac que residían en O
Cebreiro; llegaron a intervenir el Rey Alfonso IX de León, la reina Doña Urraca
y el mismo papa Urbano II. Todo fue
por culpa de la construcción de una iglesia y un hospital en Pereje. Al final,
como ocurre casi siempre, ganaron unos (los monjes cluniacenses) pero les costó
importantes concesiones. Hay documentación que acredita la existencia del
hospital en el año 1168.
Atravesamos la localidad, con construcciones típicas de la zona, esto es,
losa pintada con cal, amplios balcones orientados al sol; todo el pueblo se
alarga con El Camino. Retomamos el carril peatonal, seguimos, en parte, a la
orilla del Valcarce gozando de su bosque y especialmente de los impresionantes
castaños que nos llevarían a Trabadelo.
Parece ser que se sabe de su existencia desde el s. IX con el nombre de Decimiani. En el s. IX el rey Alfonso
III lo dona a la iglesia de Compostela. Enclave repoblado por el obispo Diego
Xelmírez en el que tiene constancia histórica de una capilla de San Lázaro. Aún
hoy se habla de la “Mata de la Ermita”. Contó seguramente con un
hospital. La iglesia parroquial dedicada a San
Nicolás tiene una imagen de la Virgen con Niño del s. XIII o XIV.
Seguimos caminando, o mejor, pedaleando por una pista asfaltada, superamos
un arroyo y llegamos de nuevo al carril peatonal.
-Oye Mikel! No estamos muy habladores. No sé…
- ¡Calla!, ¡calla! –me dijo por lo bajo- y aparca la bici.
Paré, desmontamos, y me quedé con cara
de parvo (tonto) mirando al niño.
- ¡Mira! –me dijo bajito y colocando el dedo delante de los labios.
Miré… y vi un ejemplo espléndido de corzo en pose, como si nos estuviese esperando y quisiera hablar con nosotros.
Fueron unos segundos que nos parecieron una eternidad, con desconcierto, sorpresa,
admiración, goce, belleza…; y cuando ya le pareció que nos había demostrado que
estaba allí, torció la cabeza y arrancó a trote durante unos metros para dar un
salto espectacular, de una belleza increíble, y desaparecer tras un matorral.
- ¿Has visto qué bonito? –dijo Mikel.
-Fantástico. Ahora abundan al estar protegidos. No es sencillo encontrarse con
ellos, son muy recatados o tímidos y su casa está en los bosques, prácticamente
de toda Europa. Te has fijado en cómo en esta época del año tiene el pelo casi
colorado; en invierno es grisáceo. Los cuernos de los machos son pequeños y por
la zona del culo tienen color blanco. De la misma familia de cérvidos son los ciervos,
los gamos, los alces, los rebecos… El corzo debe de ser el más pequeño de todos
ellos. Crían de setiembre a abril y durante siete meses. Paren en mayo o en junio,
una o dos crías; los alimenta la madre durante tres meses. Pueden tener hijos a
partir de los dos o tres años y viven alrededor de diez u once años. Su enemigo
más importante es el lobo.
-Parecía como si tuviera ganas de hablar con nosotros.
-Ya, porque nos quedamos parados, si nos moviésemos se habría ido mucho
antes.
-Tenemos que continuar. Anda, sube, por ahora aún puedo contigo, más adelante
ya veremos.
-Cuando te canses… te llevo yo…
-Ya, ya, son noventa y cinco hermosos quilos. Estaría apañado si me tuvieses
que llevar tú.
Y ya estábamos en A Portela de
Valcarce. Atravesamos el pueblo y seguimos hacia Ambasmestas, mas antes, y preguntando,
llegamos a visitar una herrería con una muy buena conservación hecha por Nemesio Fdez. en el s. XIX; y lo curioso
es que este personaje llegó a ser dueño de cinco herrerías. Pudimos apreciar aún
la casa mansión de los propietarios, la fragua, la carbonera, el banzo (la presa
del agua), el pajar con la cuadra para los caballos, el molino…
-Cuando yo era niño había muchos herreros. A mí me gustaba verlos trabajar el
hierro en las fraguas, dándole forma en las bigornias a las herraduras para los
caballos, rejas, cuchillos, herramientas para las obras, herramientas para
trabajar la tierra… lo que pasa que yo sólo los vi trabajar utilizando como
energía la electricidad y éstos usaban el agua, parecido a los molinos; ¿recuerdas
aquél molino que tenía el tío de Xosé Manuel en la Tolda?
-Sí, que el agua movía el rodezno
y la muela para moler.
-Una vez me contó Pepe Cigarrán
que en su pueblo había dos amigos que siempre se estaban haciendo bromas, algo
así como tú y yo, pero ellos eran un poco más brutos. Una vez uno de los amigos
le encargó al otro (que era herrero) que le arreglara una azada. Sabes que el hierro
al salir de la fragua sale totalmente rojo y al poco tiempo se oscurece, pero sigue
con muchísima temperatura. El herrero vio venir a su amigo y cogió la azada, que
acababa de salir de la fragua, con la mano y se lo dio. Creo que los gritos que
echaba se pudieron oír en la parroquia vecina; salió corriendo y metió la mano en
un arroyo que, por cierto, llevaba el agua muy fría de la montaña. Fue hasta su
casa y cogió la escopeta cargada, ya que era cazador, y quiso volver a donde
estaba el herrero; menos mal que la mujer estaba en casa y no le dejó; lo que
sí le hizo fueron las curas, mientras lo calmaba. Estuvieron sin hablarse más de
un año y eso que habían sido mozos de la misma quinta en África en tiempos
difíciles.
- ¿Pero no dices que el herrero le dio la azada agarrada con la mano? –dijo
Mikel-. No entiendo nada.
-Si conocieras herreros sabrías que tienen las manos con callosidades, por
su trabajo, para poder aguantar el calor.
-Ahora ya entiendo. Ya podía dominar yo esa técnica…
-No te voy a preguntar en que estás pensando…
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