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mércores, 25 de novembro de 2015

XLIII. Modios



Ti es a miña escritura.
O meu poema é a túa realidade.

J. Luis Calvo


Después de que las hurracas emprendiesen el vuelo, por supuesto por la derecha, nosotros continuamos el camino disfrutando de lo relajante que era admirar el paisaje de viñedos. Recorrimos un tramo de bajada y llegamos a Cacabelos.

-Cacabelos. Cuando era pequeño, los sábados iba, a veces, a buscar a mi padre a un almacén de vinos que tenía ese nombre. Creo que en aquella época había más de uno en Lugo. El avolo (bisabuelo) Ángel también iba al mismo almacén al terminar la jornada de trabajo. El vino se bebía por un pequeño porrón de cristal. El nombre del establecimiento era El Cacabelos y el vino era de esta zona. Tenía, según decían los entendidos, buen paladar y abundantes grados.


Cacabelos está situado entre Ponferrada y Villafranca del Bierzo. La Historia relaciona a Cacabelos con un importante castro que los romanos denominan Bergidum Flavium, ciudad indígena prerromana Bergidum… que se va a convertir en Bierzo, posiblemente. La importancia de Cacabelos se debe fundamentalmente a los viñedos (se dice que la vid la trajeron los monjes de Carracedo) y al Camino de Santiago, pues estuvo muy vinculado al arzobispado de Santiago hasta el s. XIX. El arzobispo Diego Xelmírez ayudó en la construcción de edificios, entre ellos la iglesia de Santa María, de la que se conserva el ábside románico y en el pórtico una Virgen del s. XIII (románica, coronada como reina y señora en oración y sentada), que según la tradición procede de un primitivo templo aprovechado en la capilla del cementerio. El resto fue remozado en el s. XVI. La torre y el coro son recientes, de principios del s. XX. En el s. XIII el rey autoriza y concede permiso al arzobispado para celebrar una feria con transacciones comerciales durante quince días. Otra curiosidad es el tributo que implanta Alfonso VII: “…seis modios (medida romana=8,75 litros, aparece como medida de capacidad, no de peso) de plata, tres de trigo, una vaca, tres puercos, tres miedros (12 cántaros) de vino, cuatro carneros, veinte gallinas, cien huevos, dos libras (una libra equivale a 0,454 kg.) de cera, una de pimientos y una senada (porción de cosas que caben debajo de la saya) de veinte modios (difícilmente le pueden caber debajo de la saya) que se entregará por la fiesta de San Martín.”
Las casas de Cacabelos se fueron alineando a lo largo del Camino. Entramos por el Campo de San Bartolo y por la otrora famosa Fuente de la Salud. En la Plaza de San Lázaro existía un hospital o lazareto destinado a enfermos contagiosos; este hospital está documentado. Llegamos a la iglesia parroquial de Santa María de la Plaza. Existió otro hospital sostenido por los vecinos conocido como el Hospital del Pueblo y posteriormente se fundaron hospitales en otras épocas de la historia de este pueblo s. XIV y XVI.
Cesa su dependencia del arzobispado de Santiago en el s. XV, época en la que el obispo dona la villa al Conde de Lemos y después de varios cambios se convierte en Ayuntamiento en el s. XIX.
Es de destacar que en los primeros años del s. XIX va a sufrir mucho en su desarrollo económico y social debido a tres hechos muy importantes: la Guerra de la Independencia, la Desamortización (proceso iniciado por Godoy por el que se expropian y se venden en puja pública todos los bienes de la Iglesia y de las Órdenes Religiosas) y una devastadora plaga de filoxera que destruyó los viñedos. La explicación que le di a Mikel fue más sencilla: guerra contra los franceses (batalla sita en el propio puente entre franceses e ingleses), coger y vender, y enfermedad; no profundicé más en las importantes consecuencias de las que él se percató a su manera.
Posee mucha riqueza patrimonial que recomendamos al visitante.

Continuamos por el paisaje ondulado de viñedos y más viñedos, sudando debido al sol y a una cuesta a la llegada a Pieros, donde destaca la iglesia de San Martín, consagrada en el s. XI por Osmundo, obispo astorgano.
Y ya, camino de Villafranca, camino desviado y vuelto a desviar por mor del aprovechamiento de los viñedos, arcén por una carretera con el firme ondulado, y una fuerte subida hasta llegar a las primeras casas de la villa. Situada en el valle delimitado por los ríos Valcarce y Burbia, históricamente el núcleo más importante del Bierzo y rivalizando con Ponferrada. En el año 1822 y de una manera efímera fue la capital de la quinta provincia gallega. El origen, como en otras villas del Camino, se debe al establecimiento de una comunidad de francos y la fundación de una comunidad de monjes cluniacenses en el s XI; por cierto, por estas fechas la mitad de la población era extranjera. En la Baja Edad Media pasará a depender de varios señores, tanto eclesiásticos como civiles, hasta que los Reyes Católicos en el s. XV otorgan el marquesado de Villafranca a Juan de Osorio y Luis Pimentel, que engrandecieron la villa con iglesias y conventos.
Lazareto fundado en el s. XII y hospital de Santiago del que aún se conserva su edificio que llegó a tener botica e iglesia propia. Hospital de S. Roque, de S. Juan y de la Villa o de los Pobres.
En el alto de la villa se encuentra el castillo de los marqueses de Villafranca del s. XVI incendiado en la Guerra de la Independencia y llegó a ser penal. Reconstruido en el s. XIX, de planta cuadrada rematado con material de ladrillos, en las esquinas tiene cuatro torres con matacán (zona que sobresale con agujeros para ver al enemigo y poder tirar piedras o aceite hirviendo…) Tiene varios escudos de las familias que lo habitaron.

- ¿A qué te gusta eso del matacán? Seguro que ya te imaginas haciéndole alguna falcatruada (travesura) a Brais.
- ¡Qué mal pensado eres! Pues no, estaba pensando en ti…
-Ya decía yo… ¡Anda! Vamos a ver la iglesia de Santiago.

Es un templo románico del s. XIII y un ejemplo de la transición del románico al gótico; tiene una sola nave de bóveda de cañón con un ábside típico del románico. De las dos puertas, la más interesante es la del Perdón con escenas de la vida de Cristo, por un lado, y por el otro con escenas vegetales y de animales fantásticos; en la arquivolta exterior está representado Cristo en Majestad. Cuenta la tradición que los peregrinos que por cualquier impedimento non podían continuar a Compostela, comulgaban de rodillas en las escaleras de la Puerta del Perdón, y tenían los mismos méritos religiosos que si lo hiciesen en la Catedral de Santiago.
Convento de la Anunciada, Colegiata de Santa María (la única que encontramos abierta, con un caos arquitectónico apreciable, varias escuelas constructivas… a mí me gustó y a Mikel le impresionó). Convento de San José. Convento de la Concepción. Monasterio de S. Francisco. Iglesia de S. Juan. Hospital de Peregrinos… Esto precisa de un fin de semana y tranquilidad, sosiego y a gozar de su afamada gastronomía…

-Vamos a dar una vuelta por las estrechas callejuelas, comprar algo para comer y escoger entre la salida por Pereje o Pradela.
-Yo tengo ganas de un helado de chocolate.
-A por ellos que son pocos y pequeños.
-Recuerda aquello que me cantabas: “ellos eran cuatro y nosotros ocho, menuda paliza que nos dieron ellos a nosotros; yo como el más fuerte me tiré al más flojo, me cago en la leche, si no me lo quitan, sácame los ojos.

Compramos comida. Nos sentamos en una terraza y Mikel tomó su helado y yo mi café; no sin antes llevar por delante un par de huevos con patatas y jamón frito.
Recogimos e iniciamos la etapa undécima según el Códice Calixtino, la etapa que va de Villafranca hasta Triacastela. Habíamos pensado hacerla en dos jornadas.

Pasamos por delante del monumento al peregrino. Cruzamos el río Burbia y continuamos hacia Pereje. Hicimos la elección por ser la ruta más aceptada.
Primero por el arcén de la carretera y con la compaña del río Valcárcel, incómodo camino, pero mejorado en los últimos tiempos, pues el grueso de la circulación va por la autovía. Varios viaductos protegen al caminante, lo mismo que la hilera de chopos y castaños que lleva a Pereje.
A principios del s. XII se dio una sonora disputa que enfrentó a los monjes cluniacenses de Villafranca con los monjes de Aurillac que residían en O Cebreiro; llegaron a intervenir el Rey Alfonso IX de León, la reina Doña Urraca y el mismo papa Urbano II. Todo fue por culpa de la construcción de una iglesia y un hospital en Pereje. Al final, como ocurre casi siempre, ganaron unos (los monjes cluniacenses) pero les costó importantes concesiones. Hay documentación que acredita la existencia del hospital en el año 1168.
Atravesamos la localidad, con construcciones típicas de la zona, esto es, losa pintada con cal, amplios balcones orientados al sol; todo el pueblo se alarga con El Camino. Retomamos el carril peatonal, seguimos, en parte, a la orilla del Valcarce gozando de su bosque y especialmente de los impresionantes castaños que nos llevarían a Trabadelo.
Parece ser que se sabe de su existencia desde el s. IX con el nombre de Decimiani. En el s. IX el rey Alfonso III lo dona a la iglesia de Compostela. Enclave repoblado por el obispo Diego Xelmírez en el que tiene constancia histórica de una capilla de San Lázaro. Aún hoy se habla de la “Mata de la Ermita”. Contó seguramente con un hospital. La iglesia parroquial dedicada a San Nicolás tiene una imagen de la Virgen con Niño del s. XIII o XIV.
Seguimos caminando, o mejor, pedaleando por una pista asfaltada, superamos un arroyo y llegamos de nuevo al carril peatonal.

-Oye Mikel! No estamos muy habladores. No sé…
- ¡Calla!, ¡calla! –me dijo por lo bajo- y aparca la bici.

Paré, desmontamos, y me quedé con cara de parvo (tonto) mirando al niño.

- ¡Mira! –me dijo bajito y colocando el dedo delante de los labios.

Miré… y vi un ejemplo espléndido de corzo en pose, como si nos estuviese esperando y quisiera hablar con nosotros. Fueron unos segundos que nos parecieron una eternidad, con desconcierto, sorpresa, admiración, goce, belleza…; y cuando ya le pareció que nos había demostrado que estaba allí, torció la cabeza y arrancó a trote durante unos metros para dar un salto espectacular, de una belleza increíble, y desaparecer tras un matorral.

- ¿Has visto qué bonito? –dijo Mikel.
-Fantástico. Ahora abundan al estar protegidos. No es sencillo encontrarse con ellos, son muy recatados o tímidos y su casa está en los bosques, prácticamente de toda Europa. Te has fijado en cómo en esta época del año tiene el pelo casi colorado; en invierno es grisáceo. Los cuernos de los machos son pequeños y por la zona del culo tienen color blanco. De la misma familia de cérvidos son los ciervos, los gamos, los alces, los rebecos… El corzo debe de ser el más pequeño de todos ellos. Crían de setiembre a abril y durante siete meses. Paren en mayo o en junio, una o dos crías; los alimenta la madre durante tres meses. Pueden tener hijos a partir de los dos o tres años y viven alrededor de diez u once años. Su enemigo más importante es el lobo.
-Parecía como si tuviera ganas de hablar con nosotros.
-Ya, porque nos quedamos parados, si nos moviésemos se habría ido mucho antes.
-Tenemos que continuar. Anda, sube, por ahora aún puedo contigo, más adelante ya veremos.
-Cuando te canses… te llevo yo…
-Ya, ya, son noventa y cinco hermosos quilos. Estaría apañado si me tuvieses que llevar tú.

Y ya estábamos en A Portela de Valcarce. Atravesamos el pueblo y seguimos hacia Ambasmestas, mas antes, y preguntando, llegamos a visitar una herrería con una muy buena conservación hecha por Nemesio Fdez. en el s. XIX; y lo curioso es que este personaje llegó a ser dueño de cinco herrerías. Pudimos apreciar aún la casa mansión de los propietarios, la fragua, la carbonera, el banzo (la presa del agua), el pajar con la cuadra para los caballos, el molino…

-Cuando yo era niño había muchos herreros. A mí me gustaba verlos trabajar el hierro en las fraguas, dándole forma en las bigornias a las herraduras para los caballos, rejas, cuchillos, herramientas para las obras, herramientas para trabajar la tierra… lo que pasa que yo sólo los vi trabajar utilizando como energía la electricidad y éstos usaban el agua, parecido a los molinos; ¿recuerdas aquél molino que tenía el tío de Xosé Manuel en la Tolda?
-Sí, que el agua movía el rodezno y la muela para moler.
-Una vez me contó Pepe Cigarrán que en su pueblo había dos amigos que siempre se estaban haciendo bromas, algo así como tú y yo, pero ellos eran un poco más brutos. Una vez uno de los amigos le encargó al otro (que era herrero) que le arreglara una azada. Sabes que el hierro al salir de la fragua sale totalmente rojo y al poco tiempo se oscurece, pero sigue con muchísima temperatura. El herrero vio venir a su amigo y cogió la azada, que acababa de salir de la fragua, con la mano y se lo dio. Creo que los gritos que echaba se pudieron oír en la parroquia vecina; salió corriendo y metió la mano en un arroyo que, por cierto, llevaba el agua muy fría de la montaña. Fue hasta su casa y cogió la escopeta cargada, ya que era cazador, y quiso volver a donde estaba el herrero; menos mal que la mujer estaba en casa y no le dejó; lo que sí le hizo fueron las curas, mientras lo calmaba. Estuvieron sin hablarse más de un año y eso que habían sido mozos de la misma quinta en África en tiempos difíciles.
- ¿Pero no dices que el herrero le dio la azada agarrada con la mano? –dijo Mikel-. No entiendo nada.
-Si conocieras herreros sabrías que tienen las manos con callosidades, por su trabajo, para poder aguantar el calor.
-Ahora ya entiendo. Ya podía dominar yo esa técnica…

-No te voy a preguntar en que estás pensando…

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