domingo, 6 de decembro de 2015

XLIX. Álvaro



Em cada esquina un amigo
em cada rostro igualdade
Grándola, vila morena
terra da fraternidade

José Afonso


Despedimos la última aldea del ayuntamiento de Pedrafita y con Biduedo abrimos la puerta de concejo de Triacastela. La bajada pronunciada, nos bajamos de la bici y fuimos andando; ya estuvimos a punto de caer en varias ocasiones por culpa de las piedras en las corredoiras (caminos tallados por los carros). Divisamos el monte Oribio, 1443m. y avistamos… a Álvaro y a Fe, increíble… cuidando unas vacas en una gran pradería. Saludos, besos, abrazos.

- ¿Qué hacéis aquí?
-Estamos cuidando estas vacas porque su dueño, nuestro vecino, está enfermo. Así pueden salir de las cuadras. No nos damos mucha maña, pero vamos aprendiendo, esperemos no perder ninguna.
-Mira Mikel, esta gente es muy amiga nuestra.
- ¿Este niño es el hijo de Gema? –preguntó Fe.
-Sí, todos los demás están en Foz, mientras nosotros recorremos El Camino en bici desde León.
-Tenéis que venir a cenar a casa, también está Pepita. No os dejaremos marchar, además pronto se hace de noche y no creo que andéis sin la luz del sol…

Miré a Mikel.

-A mí no me mires. Parece buena gente a pesar de ser amigos tuyos. Yo me apunto, ya voy cansado.
-Si el niño lo dice, nada tengo que añadir.
-Ya, ya…
- ¡Álvaro, enséñale las vacas a Mikel –dijo Fe.
-Pues, mira que no hay vacas en Holanda -contestó Álvaro.
-Pero no son tan “marchosas” como éstas.
- ¡Ven, Mikel!

Nos llevó junto a una de las vacas y la acarició, le hizo un gesto al niño para que también hiciera lo mismo. La vaca era mansa, no se movió. Álvaro cogió una ubre y le sacó leche.

- ¿Qué te parece?, esta leche es muy buena, y los quesos mejores, los has de probar en casa.

El niño ordeñó de una teta con la ayuda de Álvaro. Estaba alucinado. Cuando más emocionado estaba la vaca le dio con el rabo en la espalda y casi lo tira en el prado.

-Ja,ja,ja…! Reímos todos…

El niño se puso colorado.

-Tranquilo Mikel, la vaca no tiene nada contra ti. Lo hace para espantar las moscas…

Se le iluminaron los ojos y dijo:

-Ya sé la adivinanza!!!

-Mira, -dijo Álvaro- estas vacas pertenecen a la raza rubia gallega. Es una raza nacida por la necesidad de competir con otras, sobre todo en el mercado inglés. Las razas del país se cruzaron con sementales suizos y se consiguió el efecto deseado, esto es, más poder físico, mayor cantidad de crías y partos rápidos.
Como ves tiene un formato medio y proporcionado, tórax profundo, largo y arqueado; dorso y lomo ancho, plano y musculado; y nalgas, y piernas robustas (iba recorriendo el cuerpo de la vaca a medida que hablaba). Como ves, son de diferentes colores: rubias, amarillas, rojizas, oscuras...; con un peso de 450 a 500 Kg. Muy apreciadas para carne. Y muy adaptadas a este espacio y clima. Ya le puedes contar a tu hermano un montón de cosas de estas vacas. No preguntes como un muy conocido político: “¿…por qué las vacas tienen nombres femeninos…?”. Y ahora que las vamos a llevar a las cuadras también vas a ver cómo nos ayudan los dos perros, también de raza, cans de palleiro. ¡Tor!, ¡Odín!, Vamos! Y nuestro amigo hizo un gesto para que los perros recogiesen las vacas.

Era curioso ver coma los perros llevaban a las vacas hacia la cancilla que estaba abriendo Fe. Tenían nombre de dioses vikingos porque el viejo Manuel tenía un nieto trabajando en Noruega.
Un perro por delante y otro detrás de las veintidós vacas. No era mucho el trabajo que nos quedaba. Íbamos hablando, menos Mikel, que no le sacaba los ojos a los perros en su recorrido adelante y atrás, ladridos controlados; lo hacían sin mirar a Álvaro ni a Fe, tenían un dominio total de la situación y del espacio. Y así, entre tanto, les preguntamos por dónde andaban sus hijos y, contándoles por dónde andaban los míos, llegamos a Vilar.

-Id para la casa, que allí está Pepita. Mientras tanto, nosotros vamos metiendo las vacas en las cuadras.

Otra vez la sorpresa, los besos y los abrazos.

- ¿De dónde salís? -dijo la muy querida Pepa.
-Venimos recorriendo El Camino. En febrero llegamos a León desde Roncesvalles, y ahora queremos finalizarlo en Santiago.
-Muy bien. Lo singular es que os encontrarais con Álvaro y Fe. Bien, seguro que os queréis duchar. Venid por aquí. Tomad estas toallas. Mientras prepararé las camas.
-Os estamos dando mucho trabajo. En el albergue iba a ser todo más simple.
-No quiero oír hablar de trabajo. Creo que vamos a gozar con vuestra presencia, no veis que aquí todo es tranquilidad y, a veces en demasía, mucho más desde que nos jubilamos, así que venís a alegrarnos la vida.
-Me da la sensación de que estás exagerando un poco.
- ¡Ala! dejemos de hablar y ducharos, que tenemos una empanada de liscos (tocino) cocida por la mañana.

Y así fue, nos lavamos y lavamos la ropa, La Pepa la tendió debajo de un hórreo del estilo de los asturianos: grandes y de forma cuadrada. Lo tenían rehabilitado, lo mismo que toda la casa, a cuatro aguas y con una galería enorme y muy bien orientada, de tal manera, que le daba el sol casi todo el día, y una cocina central de leña con bancada alrededor, enormes cuartos, abuhardillado y, en lo que habían sido las cuadras, una buena bodega…

-Mira que tenéis humor. ¿Y qué dice Gema y la abuela de vuestro viaje? -preguntó Pepita mirando para Mikel.
-Yo vengo con el encargo de cuidar de él- dijo Mikel, mirándome-; es mayor y necesita protección.
-No lo creo, tu abuelo es mucho abuelo. Ya veo que tienes confianza, seguro que te ha hablado de nosotros.
-Sí, me vino contando cosas de vuestra amistad, y las cheas (comilonas), con las que os deleitabais cuando erais más jóvenes. Solo me habla así de los buenos amigos, no de los conocidos. Y ahora que non está, os diré que me dijo que para él erais como de la familia.
-Tú también lo tienes que querer mucho. Veo que estáis, como decís ahora, muy enrollados.
-Sí, es un buen tío, mejor, un buen abuelo… Eso no se lo puedo decir a él, que después va presumiendo… y me lo repite de vez en cuando.

En ese momento entraron en la cocina el abuelo con Fe. Venían hablando de Mónica y de los nietos.
Pepita ya había sacado la empanada, jamón, queso y mermelada.
- ¿Le hago una tortilla al niño?
-A mí me gusta mucho todo esto –dijo Mikel.
-Non te preocupes que tiene muy buen diente –le dije.

Álvaro abrió la puerta con la jarra del vino escanciada de la barrica. Venía acompañado de Odín.

-Este año tenemos muy buen vino, compramos la uva de la Ribeira Sacra y la mezclamos con uva del Bierzo. Pruébalo
-Está muy bueno, lo mismo que la empanada. ¡Qué suerte tuvimos de encontrarnos con esta buena gente, eh Mikel!

Lo curioso fue que el perro se acostó en el suelo al lado del niño. Y Mikel no mostró ningún temor, ninguno; lo acarició y jugó con él.

-Ya me dirás algo de la raza “can de palleiro” –lo decía dirigiéndose a su abuelo.
-Mañana, cuando emprendamos el Camino.

Habla, habla… Hasta que nos dio el sueño.
Buenas camas, mejores que las de la noche anterior, en una habitación grande. Desayuno con leche de vaca rubia, bizcocho y galletas.
Nos llevamos un par de bocadillos de jamón, con pan de la casa, para el camino; la bota llena, zumo, mosto, chocolate y fruta.
Besos, abrazos… promesas de vernos en Barreiros o en Foz…
Amigos…Familia…


-Os va acompañar Odín hasta El Camino, allí dará la vuelta, lo hace por Mikel.

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