Na intermidable
viaxe da vida,
na liberdade
pechada
atopei o sono
infinito…
Cristina Corral Soilán
Despertamos los dos al mismo tiempo, era temprano. Nos acercamos a la cafetería
del hotel y desayunamos unas galletas con leche, como si fuese un trabajo en
lugar de un placer. Estábamos nerviosos.
Y en esto sonó el teléfono:
- ¡Hola! Soy Pepe. Quiero hablar con Mikel.
Lo dijo como si no quisiera hablar conmigo. Más bien era, pienso yo, por lo
parco que era hablando; ya no recordaba
cómo era cuando lo conocimos. Le doy el teléfono al pícaro. Y sigo la conversación de Mikel: