luns, 8 de decembro de 2014

V. Códice Calixtino

Abriuse en sorriso, perfume de prado…

Sabela r. Oxea


Seguimos nuestro caminar hacia Larrasoaña, en su momento villa de mucha importancia, nombrada en el Códice Calixtino “…a vila de Roncesvalles; áchase a continuación Bizcarte; despois Larrasoaña; máis adiante, a cidade de Pamplona…”
Un viajero-peregrino italiano llamado Domenico Laffi la define así: “É un pobo fermoso, rico e con poboación” su origen se remonta a la fundación de un monasterio en el siglo X y a su posterior  conformación como pueblo. Se crearon hospitales de peregrinos e incluso tuvo la sede de varias convocatorias de las Cortes de Navarra.
Cruzamos el Arga por el Puente de los Bandidos. Antiguamente también había ladrones que asaltaban a los peregrinos y por eso se crearon ordenes de caballerías (caballeros coma Roldán, le digo al niño, cuando le cuento eso de manera sencilla) para defenderlos de los robos y a veces de agresiones.
Pasamos por otros puentes del mismo río Arga en Zuriaín e Irota y más tarde atravesamos otro en Iturgaiz que nos lleva a unas pistas que se convierten en un paseo fluvial muy agradable a la orilla del río. A su término tenemos que cruzar la carretera por un camino subterráneo que nos conduce a un merendero donde paramos a descansar.

-¿Quieres un poco de chocolate?

Mi nieto sonríe, al tiempo que estira la mano.
A nuestro lado está un hombre que debe de ser el chófer de una furgoneta de reparto aparcada cerca del merendero.

-¿Sabe usted, si falta mucho para Pamplona?
-Unos pocos kilómetros, pero son malos para andar en bicicleta ya que hay varias obras en la carretera y mucha circulación.

Miro para Mikel y, como me pasa a mí, tiene cara de cansancio. Mucho tute para el primer día, esperemos no quedar reventados para las siguientes etapas. Se me ocurre una idea:

-Y usted podría llevarnos a Pamplona. Por supuesto que pagando. Nos haría un gran favor.
-Precisamente voy a Pamplona. ¿A qué parte de Pamplona van?

Saco del bolsillo un papel con el nombre de la pensión que contraté por teléfono antes de salir de Lugo, y se lo acerco.

Lo mira y se queda pensando:
-Esta calle está cerca de la plaza de toros y yo tengo que pasar por allí. Sí, pueden venir conmigo.
-¿Cuánto me va cobrar?
-No se preocupe. Nada. Ya ve, no tengo que desviarme.
-Pues no sabe lo que se lo agradecemos.

 Mikel monta a gusto en el coche. Va contento, mientras yo meto la bici detrás. “Vaya chorra” como diría Servando (un vecino nuestro) un día que perdió el autobús y lo recogimos camino de casa.
Como nos ha contado el chófer de la furgoneta, hay un barullo grande por culpa de las obras. No sé cómo haríamos si hubiéramos tenido que ir pedaleando.
Vamos los tres sentados delante. Buen sitio para ver la entrada de Pamplona. Empieza a oscurecer. Polígono industrial. Rotondas. Circulación. Había olvidado que aquí anochece antes. Realmente nosotros deberíamos tener la hora de Canarias o de Portugal –pienso.
Llegamos a las puertas de la plaza de toros.

-Es la calle que está a la derecha de aquel semáforo.

Abro la cartera y le doy un billete de diez euros, uno de cincuenta me parecía mucho.

-Tome para un café. No sabe cuánto se lo agradecemos.
-Gracias! y buen Camino.
-¡Hasta siempre!

Nos dirigimos hacia donde nos ha indicado “el buen samaritano” y encontramos el Hostal Roldán (no me había fijado en el nombre cuando hice la reserva).
Metemos la bici en un rocho (expresión muy lucense) que tienen debajo de las escaleras. Nos dan la llave de la habitación y allí nos sentamos en una de las camas.

-Un día caralludo eh!-dice el niño.
-¿Tienes hambre?
-Sí. Pero tengo más ganas de ducharme.
-Ve duchándote mientras yo llamo a la abuela. Cuando termines hablas con tu madre. Y después vamos a cenar.

-Caralludamente –oí que le decía a su madre… En la bici no me canso… Si, muy bonito… Contamos cosas…Dile a Brais que dentro de dos años lo haremos los tres, pero con tres bicis…Si, no te preocupes, comemos bien…Mucho…
-Abuelo, dice mamá que te pongas.
-A ver si cuidas el vocabulario, malhablado –me dice mi hija en un tono serio pero cariñoso-. ¿Qué tal os va?
-Bien, no sé qué te habrá contado Mikel (lo sé muy bien, pues he escuchado con atención la conversación). Lo estamos pasando muy bien. Es un buen niño, tienes que estar orgullosa de él. A mí a veces me parece un hombre, a lo mejor es que yo me estoy convirtiendo en niño…
-No te pases, que como dice tu nieto, algo toliño (loco con afecto) estás. Compórtate.
-Vale, vale. Supongo que ya has hablado con tu madre. Parece que la estoy oyendo a ella.
-Un bico (beso).
Entretanto Mikel está mirando la TV Pero yo sé que está muy pendiente de lo que hablábamos.

-Mikel tu padre quiere decirte algo.
-¡Hola papá!...

Mientras habla con su padre yo me voy a duchar. Sé que él no pone inconvenientes. A quien hay que vigilar es a mi hija.

Vamos a cenar cerca del hostal a un bar de tapas. Mikel pide lo que le gusta, distintas tapas, y me ayudó a mí a terminar una tabla de quesos.

Tan cansados estamos que apenas hablamos, fuimos y nos vamos a la cama con caras de satisfacción y con ganas de levantarnos temprano para patear Pamplona.

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