O ciprés peinouse
cos alentos
do meu espírito
vagabundo…
Ramón R. Porto
Tres horas de cháchara. Había que continuar el camino.
-¿Por qué se emocionaba Amparo? Se le saltaban las lágrimas, aunque
intentaba disimular.
-Por los padres y hermanos, muchos fallecidos; por los amigos, por la
niñez, por la juventud, por su país… morriña…
Mikel olvidaría, ¿o no? Yo recordaría para siempre ese pueblo, perdido en
el Camino llamado Mañeru.
Montamos en la bici y seguimos pedaleando, en silencio con nuestros
pensamientos.
Después de unos cuantos kilómetros quise romper el mutismo en el íbamos
sumidos.
-Dibuja una mano en la pizarra –le dije-, o mejor, pon la mano y pasa el pizarrín (así le llamábamos en mi niñez)
por su contorno; (menudo rollo, pensé). Para cuando lo quise explicar mejor, ya
lo había hecho.
Terminó de dibujarlos, volvió la cabeza y se me quedó mirando.
-Ahora recuerda cómo se llaman, empezando por el más pequeño: pequeniño, medianiño, pai de todos,
furabolos e matapiollos (desde el más pequeño al mayor, originalmente en
gallego). En español sería: meñique,
anular, dedo medio o corazón, índice y pulgar.
Lo repetimos tres veces hasta que lo aprendió.
-¿Qué son los piollos (en español
piojos)?
-Son unos bichitos pequeñitos que pueden vivir en la cabeza de un niño o de
una persona mayor. Miden entre 2 y 4 mm. (señalo la distancia entre dos puntos
de la pizarra) más o menos. Tienen color gris, sin alas; chupan la sangre, lo
que comen. Se reproducen rápido, pueden poner más de cien huevos de color
blanco llamados liendres. Si algún
día los tienes, lo primero que hay que hacer es avisar a los profesores de la
escuela, pues son muy contagiosos. Tenemos que lavar bien la ropa y todo lo que
tocamos y echarnos un producto comprado en la farmacia, teniendo en cuenta las
recomendaciones del prospecto.
A tu madre y a sus hermanos siempre les miraba la cabeza la abuela. Si
tenían liendres se los quitaba uno a
uno.
Comenzó a rascarse la cabeza.
-Abuelo parece que me pica. ¿No tendré piojos?
-Eso es lo que pasa cuando se habla de ellos, parece que te pican. Yo no
los veo en tu limpia cabeza.
Se quedó tranquilo, pero callado.
-Te voy a enseñar cómo se escribe otro sonido. Cierra el puño de la mano
izquierda y deja derecho el dedo índice y estira el pulgar. ¿Lo ves bien?
-Sí, así.
-Eso es. Ahora marca el contorno. Bien, pero no dibujes el brazo. Así, muy
bien.
Coloca la lengua entre los dientes e echa el aire despacio: ddddddd…
añádele el e, ddddeee…
escribe esto. Vale, ahora haz lo mismo con la a, dddddaaa. Continúa con las otras vocales. Escribe el
dddee, después dddoo. Vale. ¿Qué escribiste?
-De do. De do. Dedo. ¡El dedo!
-¡Bravo! Dibújalo. Ahora escribe dado
y dibújalo.
-Da do. Dado. Soy un campeón –dijo
Mikel-.
-Escribe duda
Lo escribió rápido y sin dudar.
-Muy bien.
-Dibújala.
Se quedó pensando y dijo:
-No sé.
-Tranquilo la duda es algo que se
tiene, o no, pero no se ve, no se puede tocar, es algo llamado abstracto. No se puede dibujar.
-Abuelo, eres un tramposo… Bueno, yo
también; ya lo sabía leer porque en holandés, la d también suena y
se lee igual que en español.
-¡Demo de neno! (¡Demonio de
niño!)
-Los sonidos de las vocales son diferentes. En eso no te engañé.
-Bien, pues ahora por engañarme has de saber ¿cuántos sonidos tenemos para poder hablar y escribir? También se lo vamos a
preguntar a Sabine y Brais, a Iago se lo preguntaremos cuando crezca más.
Entre tanto enredo llegamos a Cirauqui, precioso pueblo medieval, con
calles empinadas que nos hicieron sudar. Atravesamos las antiguas murallas,
hasta llegar al ayuntamiento donde sellan las credenciales, que nosotros ni llevábamos
ni nos interesaban; el viaje era para disfrutar y tanto Sabine, como Brais y
Iago nos iban a creer sin necesidad de testimonios ni pruebas.
Por una escalera vimos la iglesia de San Román:
-Es románica, dijo Mikel
-La portada sí. Pero también tiene aquellos adornos árabes. De eso ya
hablaremos cuando volvamos a hacer este viaje y tú hayas estudiado algo de Historia del Arte.
Seguimos la caminata con la bici de la mano.
Pasamos por un tramo de calzada romana.
-Mira por aquí pasarían las cuadrigas
romanas.
Mikel no dijo nada, pero me percaté de que no sabía de qué le estaba
hablando por lo mucho que abrió los ojos.
-Las cuadrigas eran carros
romanos tirados por cuatro caballos. Hacían carreras en los circos (eran pistas
especiales, parecidas a las de ahora de atletismo, con gradas) y tenían, como
ahora el fútbol, seguidores. A ti te gusta el Ajax y el Barcelona, como a tu padre ¿cierto? - el niño movió la
cabeza aseverando.
Un equipo con su color representaba a los patricios (gente rica y con poder) y otro representaba a los
plebeyos (los pobres, los artesanos y
los pequeños comerciantes…; la gente común) también con su color. Cuando
ganaban los patricios, en el exterior del circo se oía poco, eran pocos; pero
cuando ganaba la cuadriga de los plebeyos se enteraban en toda la ciudad, tenía
el valor de una pequeña vendetta. La
rivalidad era tan grande como ahora cuando juega el Madrid (patricios, con
mucho dinero) contra el Barcelona o mejor contra el Celta (plebeyos, con poco dinero).
Ya ves, está todo inventado.
Por eso decía que por aquí pasarían las
cuadrigas, porque esto es una calzada romana, que llegaría hasta Roma.
-¿Y tenían cromos como nosotros?-preguntó Mikel.
-Eso no lo sé…, pero la cámara fotográfica aún no estaba inventada. Qué
cosas se te ocurren…
-Les preguntaremos a tu hermano y a tus primos que forma tenían los circos.
A las orillas de la calzada, antes y después del puente romano había
árboles.
-¿A que non sabes cómo se llaman esos árboles?
-Son pinos.
-Parecidos, se llaman cipreses. Los hay en los países bañados por el mar
Mediterráneo, incluidos los que hoy son desérticos. ¿Recuerdas cuando fuimos a Nerja con Brais, mamá y la abuela? Ese
mar donde os bañasteis era el Mediterráneo.
-Sí, que después tomábamos un zumo con patatas en un…chiringuito?
-Sí, sí.
-Abuelo, los cipreses los traerían los romanos para plantarlos en las
orillas de las calzadas.
-Pues, nunca pensara en eso. Puede que así fuera, no lo sé.
-Son bonitos, ¡eh! Aquí se dan muy bien en todos los sitios por que
resisten bien el frío y el calor y precisan de poca agua. Hay gente a la que no
les gustan porque adornan los camposantos…, cementerios (cuando no entiende
pone cara rara, pensé); también suele aparecer uno sólo, como señal de
identidad, en los pazos gallegos pues
se ven por encima de los otros árboles.
Tienen un crecimiento rápido y pueden vivir más de quinientos años y llegar
a medir treinta metros. Se utiliza su fruto y la resina en medicina: para las
heridas, para la tos…; también para combatir el olor de los pies, etc. Dice la
leyenda, ya sabes lo que es una leyenda, que fue la madera que utilizó Noé en
su famosa arca… Ya sé, ya sé, que no sabes quién era Noé. Cuenta la
Biblia que Dios se le presentó a Noé, un hombre temeroso de Dios, y le dijo que
hiciese un barco, o una arca grande, y que metiese dentro, además de su
familia, una pareja de todos los animales; ya que como los hombres no se
comportaban bien, iba a hacer que lloviese mucho y así sólo se salvarían él y
su familia, así como los animales que le acompañaban.
-Entonces, muchas mujeres y hombres murieron –dijo Mikel-. Y también muchos
animales.
-Muchos, meu ben. Como acabo de
decirte, hay que verlo como una leyenda.
-Y el arca tenía que ser muy grande. Le llevaría muchos años hacerla. Y
además la tenía que hacer él solo, pues, de otra manera, los que le ayudasen
querrían meterse también dentro... ¡Imposible!, eso no consigue hacerlo un solo
hombre. Además Noé también desearía llevar a sus hermanos, a sus primos y a sus
amigos. Eso no podía ser, no. Yo, desde luego, no me iba sin mis primos,
amigos…
-Así que a mí me dejabas fuera del arca para que me ahogara ¡Eh! Menudo
nieto tengo, y eso que dices que me quieres. Cómo sería si me quisieras mal?
-Abuelo, que era una broma! Yo no te dejaría en tierra. Además eso me
parece que no pasó. No sería un buen Dios.
-La verdad es que parece un cuento. Un cuento muy irreal, pues los cuentos
quieren parecerse a la realidad y, en muchos casos, superarla. Pero ahí está,
como muchas otras cosas, en las Sagradas Escrituras.
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