O murmurio dun rosario
interrumpe o silencio da mañá…
Alicia Chao Penela
Hacia las ocho desperté a Mikel, que dormía profundamente. Nos lavamos la
cara para desvelarnos; mejor, para animarnos un poco, y con esas, ponernos a
desandar los dos quilómetros hasta Estella.
Desayunamos en una cafetería: chocolate con churros. Me leí los titulares
del diario (siempre he tenido debilidad por los periódicos del lugar) y más
tarde me puse a mirar un folleto turístico que encontré en una especie de cajón
donde estaba depositada la prensa:
“Estella, ciudad nacida al amparo
del Camino de Santiago. En el siglo XV se conocía por “Estella la bella”.
Ciudad románica.
Hoy cuenta con 13000 habitantes y
una animada actividad comercial, destacando el mercado de los jueves.”
De Estella dice Aymeric Picaud en el quinto Libro del Códice: “Estella é cidade de bo pan, excelente viño, moita carne e
peixe e toda clase de felicidade” (en esa época esto formaba parte de lo
que se entendía por ciudad o lugar rico).
Aymeric -esto lo digo yo y no el Códice ni el folleto turístico- había
hecho el Camino a caballo y, por ello, tenía una visión muy particular: sus
comentarios abarcan tanto lo divino como lo humano (incluyendo las leyendas).
Fundada en el año 1090 por Sancho
Ramírez tiene su máximo esplendor en los
siglos XII y XIII.
Cuenta con el Palacio de los reyes
de Navarra, sito en la Plaza de S. Martín con la fuente de los chorros donde se
puede beber (s.XVI). El puente de San Martín o del Azucarero y el puente de la Cárcel
(que ya cruzamos en la ida y en
la vuelta, y por los que nos había impresionado la llegada a Estella), la catedral, la plaza de los Fueros, la
gran plaza de Santiago, donde se celebra el mercado de los jueves … cuna del
carlismo, con museo incluido…Calle Mayor conformada por edificios nobles, Iglesia
de S. Pedro de la Rúa, S. Miguel, iglesia de S. Martín de Jesús del Castillo,
antigua sinagoga…Convento de las Recoletas, Santo Domingo, Santa Clara y S.
Benito…
Burgos nacidos con burgueses
franceses. Por eso es una ciudad especialmente acogedora con los peregrinos
franceses.
-Vamos a dar una vuelta y ver algo de lo que pone el folleto. Es una ciudad
para disfrutarla varios días y no para unas horas. Por cierto, cuando leemos burgos tienes que pensar que eran
lugares de la ciudad donde vivían los burgueses,
que eran artesanos: zapateros, carpinteros, curtidores, plateros… Trabajando y
viviendo en talleres sitos en la misma calle según cada oficio. También se
juntaban en gremios para la defensa de sus intereses.
Deambulamos por la ciudad con poco orden, deleitándonos con su belleza.
Comenzamos en el inicio del barrio de Curtidores, y nos encontramos con la
hermosa iglesia del Santo Sepulcro, con ábside románico y portada gótica:
tímpano (aproveché para explicarle a mi nieto lo que era el tímpano del oído y
el tímpano de las puertas, no creo que le interese mucho; o sí; a lo mejor no
lo olvida), con el Sepulcro, la
Magdalena y la Última Cena… Cruzamos el río y seguimos el recorrido.
Terminamos en un bar, ya que Mikel tenía sed –debido al queso y los
embutidos que nos había dado Amparo.
En el bar había un futbolín y el niño quiso que
jugásemos una partida. Yo había sido un experto, en mis años de juventud, y
algo queda siempre, pero disimulando lo posible me dejé ganar. Nos reíamos los
dos cuando la bola entraba en la portería.
Me llamó la atención que los jugadores de uno de los equipos tuvieran la
camiseta, mejor dicho, la pintura de la camiseta con los colores del Barcelona.
En mi infancia la camiseta de los jugadores de futbolín tenían color blanco o a
rayas blancas y rojas: los colores del club Deportivo Lugo, del Athletico de
Bilbao o Atlético Madrid. Lo comenté con el tabernero.
-Es que con tanta rivalidad entre el Madrid y el Barcelona se me ocurrió
pintar un equipo con los colores del Barcelona; bien se nota, las rayas
salieron un poco torcidas. Pues ocurre que, a determinadas horas, hacen cola
para jugar los partidarios de uno u otro equipo y así aumentó la recaudación.
Tienen suerte por no ser esta la hora de las partidas.
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