Cómo chamar
a esta emoción do río?
Francisco J. Reija
Dejamos Estella por la calle de S. Nicolás y nos marchamos camino de
Logroño.
Entre tanto fuimos recordando el escudo, simple y sencillo: rematado por
una cadena y con una estrella de ocho puntas y con la corona real. Se la dibujé
en la pizarra para que se percatase
de la importancia de estas ciudades medievales.
-Abuelo, tienes que aprender una canción de Holanda. ¿Qué te parece?
-Hombre, yo no sé nada de la lengua holandesa, así que procura que sea
sencilla.
Y se puso a cantar:
Ra, ra, ra wie heelf bal
die mooie bal van goud,
his is nog lang niet oud
die mooie bal van goud.
-Repíteme los dos primeros versos.
Así lo hizo. Intenté cantarlos yo.
Después lo hicimos a coro. Continuamos con los otros dos. Me corregía la
pronunciación y al final, repite y repite, conseguí aprenderla. Como los
cantantes que cantan en otra lengua que no conocen.
-Ahora tienes que decirme su significado en castellano.
-No sé si sabré –dijo Mikel-.
Entre lo que iba diciendo y lo que pude ir deduciendo llegué a la
conclusión de que era, más o menos, esto:
Ra, ra, ra quién tiene la pelota
la pelota bonita de oro,
que no es nada vieja,
la pelota bonita de oro.
También me dijo que solo era un trocito de canción, que, por cierto, de
momento, era suficiente.
Yo saqué el Códice y miré si decía
algo importante. Me pareció que debía comentar lo que dice de los ríos.
-Mira lo que dice de los ríos:
Por Estella discorre o Erga: a súa
auga é doce, sa e moi boa.
Es de la única que habla bien; de las aguas del resto del Camino en Navarra
dice muchas lindezas.
“Pola vila chamada Os Arcos (íbamos a pasar
pronto por ella y por la villa de
Torres) corre unha auga mortífera, e máis
aló de os Arcos, xunto do primeiro hospital, isto é, entre os Arcos e ese
hospital, corre unha auga mortífera para os homes e os animais que a beben. A
carón da vila chamada Torres, en territorio navarro, pasa un río mortífero para
as cabalerías e as persoas que beben del. Máis adiante, pola localidade chamada
Cuevas, flúe un río igualmente mortífero.”
-Carallo, con el agua! ¿Irá sin
peces? -Dijo Mikel.
Sonreí. Y me pregunté qué diría su madre cuando el niño hiciera este tipo
de comentarios… A lo mejor hacía bien; son muy enxebres (propios de nuestra Galicia). ¿O no?
-Vamos a repetir la canción, que esto es un poco lúgubre (me mira; con la
mirada de no entender), -le aclaré- “un
poco triste”. ¿No crees?
Y nos pusimos a cantar.
-“Ra, ra, ra…”
Pasamos por Ayegui otra vez, y le comenté, por cierto, que el nombre o
topónimo podía venir de Iago. Me
miró, ya que así se llama su primo, y le dije que ese nombre era fundamental en la tradición Xacobea.
Descendimos hasta el monasterio de Irache, muy importante en el medievo
(contiene todos los estilos arquitectónicos) aunque hoy, desocupado. Antes
pasamos por la fuente del agua y del vino, pero a esas horas no teníamos sed.
En este monasterio vivió un monje que llegó a tener mucha influencia, llamado
S. Veremundo. Cuenta la leyenda que los pobres se allegaban a la portería donde
él desempeñaba su labor para pedir pan –en esas épocas el hambre y las
enfermedades eran muy acusadas- y en un momento de escasez se restringió mucho
esa costumbre; pero el santo escondía el pan debajo del hábito para que no lo
viese su superior. Un día, lo obligó a que le enseñase lo que llevaba debajo; y
él le dijo:
-Son astillas para el fuego -por ver si colaba
como mentira piadosa-.
Pero insistió el superior. Y tuvo que enseñarlo. Y aquellos chuscos de pan se habían convertido en
astillas.
-No estaría mal que yo pudiese convertir algunas cosas –dijo Mikel-.
Imagino a Brais cuando me hace alguna jugarreta poderlo convertir en gato, o
mejor en oveja porque es capaz de arañarme. O, aún mejor, dormirlo para que lo
meta mi padre en la cama. Porque ¿qué hago yo con una oveja?
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