Por favor: un mundo
menos compacto.
Manuel Darriba
Salimos a la plaza y cuál sería
nuestra sorpresa al ver que teníamos un guardia dando vueltas alrededor de la
bici que habíamos dejado atada a una farola.
-Buenos días. La bici es nuestra.
La dejamos un ratito, para poder ver la catedral.
-¡Aquí no se puede dejar!-nos
dijo el guardia de malos modos- Tengo que denunciarlos. Deme su D.N.I.-me
pidió.
-La culpa fue mía, agente –dijo
Mikel.
Le miró y se quedó con cara de
tonto.
-¿Y tú quién eres?
-Soy sobrino del Pincernas; soy hijo de un hermano que
tiene en Holanda.
-Me cago en el niño, en su madre y en su abuelo, que soy yo (pensé por
lo bajo).¿Cómo se le ocurre semejante carallada?
-Yo no sé quién es El Pincernas, y menos su hermano que
vive en Holanda.
-Llámelo por teléfono. Ahora está
en la sacristía.
-No tengo por qué llamar a nadie,
tengo que multarlo.
-Pues yo se lo explicaré de esta
manera: me pregunta un señor por la
catedral, yo le acompaño. Cuando salimos un policía denuncia al señor por dejar
la bicicleta atada a una farola según mis indicaciones y sin interrumpir la
circulación… por cierto ¿Cómo se llama usted?
-Señor policía -le digo yo con la
mejor de mis sonrisas-, si usted me tiene que multar, hágalo, pero sea
benevolente, pónganos la multa más pequeña que pueda..
A mí no me gustó la cara del
guardia y vi que se estaba poniendo muy feo el asunto.
En ese momento llegó el compañero
del policía y sin saber de qué iba, mirándonos, le dijo:
-Anda Luis, están cansados, mejor es que hablen bien de Burgos y de
nosotros allá donde vayan. Déjalos marchar.
-Es que no sé si este niño se
está cachondeando de mí… (miró para
nosotros con cara de pocos amigos) ¡Venga, idos! Antes de que me arrepienta… y
que no se os vuelva ocurrir atar la bici a las farolas.
-Gracias, muchas gracias –dije
yo.
-¡Adiós, Luis! –dijo Mikel con retranca.
Nos marchamos y le dije al niño:
-Tú sigue; yo voy por esa calle y
nos vemos detrás de esa puerta. ¿Tendremos que disimular algo?
Nos juntamos en la puerta
-Tú sí que estás loco. ¿Cómo se
te ocurrió este disparate? Pudimos acabar en el cuartelillo.
-Ya, ya. Si quieres te recuerdo
la que montaste tú en Pamplona.
-Anda, vamos a comer.
Es mejor cambiar de tema, este
Mikel tiene salida para todo.
-Menos mal que no nos ve tu madre
–pensé.
Paramos delante de un clásico
mesón castellano: puertas y ventanas de cuarterón con barniz oscuro, herrajes
de herrero (menuda perogrullada),
bancos y banquetas en las mesas. Olor a morcilla de Burgos (¿de dónde iba a ser?).
El niño, mientras yo doy un barrido visual al
lugar, deambulaba por delante del mostrador en busca de algún dulce típico de
la zona, vamos, un dulce casero..
-¿Qué quieres tomar?
-Eso que me dijo el camarero de
la barra que se llamaba “Postre del
abuelo”; es que con ese nombre tengo que probarlo, ¿No crees?
-Te voy a dar yo postre del abuelo. Anda, anda.
Llegó el camarero.
-¿Puedo probar esa morcilla,
pasada por la plancha?
-Por supuesto, y ¿el niño?
-Dice que quiere o postre del abuelo.
-¿Y para beber?
-Yo un vino de Ribera de Duero, aunque es algo
temprano. Y para el niño un zumo de piña.
-No –dijo Mikel-, un mosto.
Reconfortados, salimos del mesón
para comernos el mundo; o mejor, para hacer un tramo largo del camino.
Montamos en la bici y pasamos por
delante de San Nicolás, Puerta de San
Martín y Hospital del Rey
De pronto Mikel saludó a
alguien... Condenado niño; era el guardia, que iba en coche con su compañero.
Cruzó por delante de nosotros y vi la cara del policía, desconcertado.
-¡Me cago no carallo!-dije, enrabiado-, La cagamos –pensé-.
Una frenada, unos segundos
esperando que nos llamasen y… el coche arrancó.
-¡Uf!.. Tú no tienes arreglo, ya
podías disimular. Vaya palo si nos hacen volver; y encima la multa.
- Ya, ya… y ahora que nos iba
decir, si fui muy educado. Seguro que estás deseando reír con ganas, con tus
escandalosas carcajadas.
Y fue cierto, me reí con ganas. ¡Demonio de niño! Y al final le di un
beso. Ya sé que non debía hacerlo. Pero, ¡condenado niño…!
-Cuando volvamos por aquí, hemos
de ir a visitar un restaurante que se llama Los trillos, pero has de pagar tú.
-Tú, como siempre explotando a
los niños.
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