xoves, 4 de xuño de 2015

XXIII Pincernas



Por favor: un mundo
menos compacto.

Manuel Darriba


Salimos a la plaza y cuál sería nuestra sorpresa al ver que teníamos un guardia dando vueltas alrededor de la bici que habíamos dejado atada a una farola.

-Buenos días. La bici es nuestra. La dejamos un ratito, para poder ver la catedral.
-¡Aquí no se puede dejar!-nos dijo el guardia de malos modos- Tengo que denunciarlos. Deme su D.N.I.-me pidió.
-La culpa fue mía, agente –dijo Mikel.

Le miró y se quedó con cara de tonto.

-¿Y tú quién eres?
-Soy sobrino del Pincernas; soy hijo de un hermano que tiene en Holanda.
-Me cago en el niño, en su madre y en su abuelo, que soy yo (pensé por lo bajo).¿Cómo se le ocurre semejante carallada?
-Yo no sé quién es El Pincernas, y menos su hermano que vive en Holanda.
-Llámelo por teléfono. Ahora está en la sacristía.
-No tengo por qué llamar a nadie, tengo que multarlo.
-Pues yo se lo explicaré de esta manera: me pregunta un señor por la catedral, yo le acompaño. Cuando salimos un policía denuncia al señor por dejar la bicicleta atada a una farola según mis indicaciones y sin interrumpir la circulación… por cierto ¿Cómo se llama usted?
-Señor policía -le digo yo con la mejor de mis sonrisas-, si usted me tiene que multar, hágalo, pero sea benevolente, pónganos la multa más pequeña que pueda..

A mí no me gustó la cara del guardia y vi que se estaba poniendo muy feo el asunto.
En ese momento llegó el compañero del policía y sin saber de qué iba, mirándonos, le dijo:

-Anda Luis, están cansados, mejor es que hablen bien de Burgos y de nosotros allá donde vayan. Déjalos marchar.
-Es que no sé si este niño se está cachondeando de mí… (miró para nosotros con cara de pocos amigos) ¡Venga, idos! Antes de que me arrepienta… y que no se os vuelva ocurrir atar la bici a las farolas.
-Gracias, muchas gracias –dije yo.
-¡Adiós, Luis! –dijo Mikel con retranca.

Nos marchamos y le dije al niño:
-Tú sigue; yo voy por esa calle y nos vemos detrás de esa puerta. ¿Tendremos que disimular algo?

Nos juntamos en la puerta

-Tú sí que estás loco. ¿Cómo se te ocurrió este disparate? Pudimos acabar en el cuartelillo.
-Ya, ya. Si quieres te recuerdo la que montaste tú en Pamplona.
-Anda, vamos a comer.

Es mejor cambiar de tema, este Mikel tiene salida para todo.

-Menos mal que no nos ve tu madre –pensé.

Paramos delante de un clásico mesón castellano: puertas y ventanas de cuarterón con barniz oscuro, herrajes de herrero (menuda perogrullada), bancos y banquetas en las mesas. Olor a morcilla de Burgos (¿de dónde iba a ser?).
 El niño, mientras yo doy un barrido visual al lugar, deambulaba por delante del mostrador en busca de algún dulce típico de la zona, vamos, un dulce casero..

-¿Qué quieres tomar?
-Eso que me dijo el camarero de la barra que se llamaba “Postre del abuelo”; es que con ese nombre tengo que probarlo, ¿No crees?
-Te voy a dar yo postre del abuelo. Anda, anda.

Llegó el camarero.

-¿Puedo probar esa morcilla, pasada por la plancha?
-Por supuesto, y ¿el niño?
-Dice que quiere o postre del abuelo.
-¿Y para beber?
-Yo un vino de Ribera de Duero, aunque es algo temprano. Y para el niño un zumo de piña.
-No –dijo Mikel-, un mosto.

Reconfortados, salimos del mesón para comernos el mundo; o mejor, para hacer un tramo largo del camino.
Montamos en la bici y pasamos por delante de San Nicolás, Puerta de San Martín y Hospital del Rey

De pronto Mikel saludó a alguien... Condenado niño; era el guardia, que iba en coche con su compañero. Cruzó por delante de nosotros y vi la cara del policía, desconcertado.

Me cago no carallo!-dije, enrabiado-, La cagamos –pensé-.

Una frenada, unos segundos esperando que nos llamasen y… el coche arrancó.

-¡Uf!.. Tú no tienes arreglo, ya podías disimular. Vaya palo si nos hacen volver; y encima la multa.
- Ya, ya… y ahora que nos iba decir, si fui muy educado. Seguro que estás deseando reír con ganas, con tus escandalosas carcajadas.

Y fue cierto, me reí con ganas. ¡Demonio de niño! Y al final le di un beso. Ya sé que non debía hacerlo. Pero, ¡condenado niño…!

-Cuando volvamos por aquí, hemos de ir a visitar un restaurante que se llama Los trillos, pero has de pagar tú.

-Tú, como siempre explotando a los niños.

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