Da…vida que corre sempre como os rios
levando os amores, a flutuar no éter.
Adela Figueroa
Durante estos meses medité mucho en cómo
seguiríamos El Camino. Sí, ya sé: lo mejor es la improvisación; cierto, pero
seguía pensando en lo que habíamos andado y en lo que nos quedaba por andar.
¿Mikel mantendría la ilusión?
Pronto lo sabría. Estábamos esperando con Olaia,
Juanjo, ¡ah! y la Sabeliña en la barriga de la madre, la llegada del avión en
el aeropuerto de Asturias, en el aeropuerto de Ranón.
Vimos asomar la cabeza a Mikel y detrás a Brais,
al tiempo que gesticulaban exageradamente con las manos y daban saltos para
llamar nuestra atención:
- ¡Abuelo!, ¡abuelo!, ¡Juanjo!, ¡Olaia!
Pronto aparecieron los padres.
Besos, abrazos…
Me tiró Mikel de la manga e me dijo muy bajito:
- ¿Cuándo comenzamos el viaje a León?
- ¿Ya tienes ganas de ver a Ilia?
-Sí, claro…Y de seguir el camino a Compostela.
Pronto ¡eh!, pronto, nada de marchar primero a Lugo y después a Foz.
-Ya hablaremos –le contesté, empleando el mismo
tono.
- ¿Qué andáis intrigando? –dijo Gema, la madre de
Mikel y de Brais.
-Hablamos de nuestras cosas.
- ¡Ya, ya…si no os conociera!
Y tomamos cada uno su camino en busca del coche.
Fuimos a comer -ya eran horas- a una casa rural que estaba situada entre Ranón
y Avilés. Con anterioridad ya habían concertado menú Juanjo y Olaia: un menú digestivo para el viaje a base
de cachopu y fabada; después había
calamares, pote asturiano, carnes diversas y merluza y pixín (pez sapo). Cada
uno comió lo que quiso; los que viajaban en coche moderadamente, y los que
íbamos en tren menos moderados…De postre todo casero: arroz con leche (invento
gallego, muy mejorado en Asturias), cuajada, flan y crema con canela. Helados y
cafés.
Brais se iría Foz con sus padres en mi coche;
nosotros (Mikel y yo) con Juanjo y la madre de la futura Sabeliña con dirección
a Oviedo. No sin antes oír las recomendaciones de rigor.
-Vosotros dos, espero que os portéis como dos
personas serias –manifestó Gema con cara seria.
- ¿Es que llegaron a Holanda noticias de nuestras
andanzas por el Camino? –dije.
-Tú sabes bien de lo que estoy hablando, que no sé
quién tiene que cuidar a quien.
-Ya verás cómo dentro de unos días llegamos a Foz
contando muchas cosas.
Mientras tanto Brais agarrado a su padre nos miraba,
con un aquel, de tristeza.
Me acerqué a él y le dije al oído:
-Para el año que viene vienes tú también.
Le di un beso y lo mismo hizo Mikel.
Despedidas y recuerdos para la abuela y el avolo (bisabuelo).
E desde allí nos fuimos directamente a la estación
del tren en calle Uría de Oviedo.
Más despedidas… Y de nuevo los dos solos en el
compartimento del tren con destino a León.
-Dejaremos que nos explique Juanjo la catedral de
Oviedo y el patrimonio de la ciudad para el año que viene, cuando hagamos el
Camino Primitivo.
-Sí, sí, que ya tengo ganas de llegar a León y
seguir El Camino.
- ¿Qué tal fueron estos meses? –pregunté a Mikel.
-Bien, además de las clases, hice dos amigos: de
la nieve y de la bici, pasé la prueba de nadar al crol. Así que cuando
lleguemos a Foz ya te daré unas clases porque tú levantas poco los brazos.
-Ya, ya, pero aún tiro bien de la bici en la que
tú vas repanchigado. Calla, calla… ¿A
ver cuándo me llevas tú a mí?
Pasado Santullano, busqué el libro del Códice
Calixtino y le leí a Mikel:
“Se o
douto lector busca a verdade nos nosos volumes, atoparaa con seguridade,
despexada toda sombra de dúbida, no contido deste libro, pois aínda viven
moitos que poden testemuñar que as cousas que nel están escritas son
verdadeiras”.
- ¿Por qué siempre me lees por el final del libro?
-Porque este es un libro muy curioso, en realidad
son cinco libros juntos; yo te leo algo del último libro, que viene siendo una
especie de guía de El Camino, por eso fui leyendo desde que emprendimos este
viaje en Roncesvalles.
- ¿Cinco libros?
-Sí, cada uno de ellos, siempre alrededor de la
figura de Santiago el Mayor o relacionado con él, hablando de cosas distintas.
Es como si estuviesen pegados todos.
-Así pesaría mucho más?
Saqué de la mochila una foto que había hecho del
verdadero Códice y se la mostré. Esa foto la había tomado poniendo mi libro del
Códice a su lado, de tal manera, que podía, entre otras cosas, apreciarse la
diferencia de tamaño.
- ¡Qué dibujos más chulos tiene!
- Ya te conté que el libro que llevamos es una
traducción al gallego, que el verdadero Códice Calixtino está escrito en latín,
una lengua muerta…
-Muerta?
-Sí, una lengua que ya no se habla, por eso se
dice que es lengua muerta; fue la
lengua del Imperio Romano y llegó a España y a Galicia con su colonización; ese
idioma acabó siendo el nuestro, y fue evolucionando hasta convertirse en el
idioma gallego de hoy. Y lo mismo le ha pasado al castellano y al catalán.
-Por eso se parecen tanto. Yo entiendo los dibujos
animados en los tres idiomas cuando los veo en Holanda con la parabólica.
-También fue la lengua oficial de la iglesia hasta
hace bien poco tiempo. Cuando yo era mozo aún decían las misas en latín.
-Pero tú no vas a misa.
-Antes íbamos todos, ¡qué remedio! Ahora solo voy
a los entierros.
- ¡Qué rollo
tienes, abuelo! ¿No estabas explicando lo de los cinco libros?
-Sí, tienes razón, es deformación profesional que no se me olvidó con la jubilación.
Bien, son cinco libros encuadernados con las mismas
tapas. El primero habla de la liturgia (sermones y homilías).
- ¿Sermones?… mi madre dice, cuando le riñe a
Brais, que le echó un sermón.
-Eres bien argalleiro.
No estarás riéndote de mí.
-No, hombre no.
Le miré y no supe, si este carallán, hablaba en serio o en broma.
Seguí:
- ¿Es lo que cuentan los curas, que ellos dicen
que es la palabra de Dios?
-Bien, el segundo libro trata de los milagros de
Santiago el Mayor. El tercero de la Traslatio:
cómo llegó el cuerpo del apóstol desde Palestina en una barca de ¿? Piedra. Los
armenios de Jerusalén dicen que ellos tienen la cabeza del santo como reliquia
en su catedral; a mí me llevaron hasta donde dicen que reposa. No, no preguntes
que no sé más que tú. Es difícil de creer en todo esto.
El cuarto libro habla de las andanzas de
Carlomagno por España y de la derrota de nuestro amigo Roldán en Roncesvalles,
¿recuerdas?
-Por supuesto…El caballero Roldán.
-Y del quinto ya te hablé.
En la introducción de este Códice Calixtino, el
Deán y Arquiveiro-Bibliotecario de la Catedral de Santiago D. José María Díaz
Fernández nos dice, entre otras muchas cosas:
“O
chamado Códice Calixtino está recoñecido como o exemplar máis antigo,completo e
autorizado da obra denominada Liber
Santi Iacobi e del dependen todos os demais que se conservan…
Referíndonos
a Galicia, o Iacobus transpira aires
galaicos, amor á terra, privilexiada pola presenza da tumba apostólica…”
Se llama Calixtino
por haber sido inspirado por el papa Calixto II.
Continúa D. José María:
“Compre
deixar asentado que a autoría do papa Calixto II, secularmente aceptada, é
considerada cómo apócrifa (que non é
de quen se pretende atribuír) desde hai máis dun século. Trátase dun caso máis
de pseudonimia (a proclamación dun autor de prestixio, co que asegurar a
aceptación da obra).
O Iacobus divídese en cinco libros aos que se
engade un apéndice de grande interese cultural, sobre todo pola serie de cantos
a dúas e tres voces, que representan o conxunto polifónico máis antigo da
historia da música…”.
El caso es que, a pesar de ser tan grande, el
códice, como cualquier otro, fue escrito para ser leído, y así se hizo,
ininterrumpidamente hasta el siglo XVI, cuando dejó de interesar. Fue
redescubierto en el XIX por el archivero Antonio López. En la actualidad es
conocido por muy poca gente y, leído por leer, por mucha menos. Esta edición en
gallego se hizo con la vocación de promoción, para que la conociese el mayor
número de gallegos; se pensó en enviarla a todas las bibliotecas públicas y
privadas, instituciones, cárceles, asociaciones etc… se pensó…
Ya te dije que lo habían robado y apareció
posteriormente en la buhardilla del ladrón, un antiguo trabajador de la
catedral. Dentro de lo malo, el robo sirvió para que la gente supiera de su
existencia y se interesase por ese documento antiguo, que es, la primera guía
del Camino.
Menudo rollo
que le solté a Mikel. Me daba la impresión de que pasaba de mí. Aunque nunca se sabe, veremos si más adelante
pregunta algo.
Seguro que a partir de ahora va a mostrar más
interés por el Códice.
-Estos códices –dije- suelen estar escritos por amanuenses…
- ¿Amanu…qué?... ¡Caralloooo!!!
-Es que no me dejas terminar. Los amanuenses eran
copistas, pues en aquel tiempo los libros se hacían a mano, uno por uno, dos o
tres folios por día y las ilustraciones llevaban mucho más tiempo. ¡Ah! ¿Supongo
que a tu madre no le preguntas así?
-Hombre, contigo la cosa cambia. ¿No somos
colegas?
-Ya, ya… Continúo. De esta manera se iban
completando las bibliotecas. La pena es que muchos de estos libros fueron
desapareciendo por culpa de los incendios que eran muy frecuentes entonces.
Todo cambió con la aparición de la imprenta en Europa en el s. XV con Joannes
Gutenberg y otros impresores. El primer libro en papel que se imprimió fue la
Biblia.
-El trabajo de los monjes copistas…como les
llamaste?
-Amanuenses, es igual, no lo has de recordar, no
sé para que hablé de ellos. Tienes razón que a veces soy un poco rollista.
-Era mucho trabajo de dios.
-Lo curioso era que muchos de los copistas no
sabían leer, ellos copiaban los dibujos de las letras.
-Como hace Brais cuando escribe su nombre.
-Algo así. Tampoco utilizaban el papel. Había
códices hechos con papiro, que es una
planta que se da bien en las orillas del río Nilo; se entrecruzan las hojas, se
planchan y se dejan a secar. Esto ya se hacía 3000 años antes de Cristo. A
partir del s. II aparece el pergamino;
el nombre procede de la creencia de que se usó por primera vez en la ciudad de Pérgamo (Italia). También aparecen
pergaminos en la cultura americana anterior al Descubrimiento de América por
Colón (Cultura precolombina) pero con escritura pictográfica (dibujos en lugar
de letras). De esto ya hablamos en otras ocasiones.
-Sí, aquello que utilizaban los colonizadores
ingleses para hacerse entender con los habitantes de las tierras que
descubrían. Pero aún no me has contado la diferencia entre el papiro e el
pergamino.
-Mira, el papiro, como ya dije era una planta y el
pergamino era una piel de animal, curtida.
- ¡Qué
animalada!, nunca mejor dicho. O sea, que para escribir un libro había que
matar animales.
-Pues sí, de cualquier manera, la carne la
aprovechaban.
- ¿Pero serían más caros que los de papiro?
-Claro. Pero tenían otras ventajas. Se podía
escribir por las dos caras, que con el papiro solo se podía escribir una, y se
podían hacer las miniaturas que viste en la foto, y también incrustaciones de
materiales nobles (joyas, oro, marfil…). Por otro lado, el material era mucho
más duradero.
-En aquellos tiempos solo sabían leer algunos
monjes, y solo habría bibliotecas en los monasterios.
-Bien, de todas las maneras yo creo que mereció la
pena hablarte de todo esto. ¿Te percatas de qué en este período de nuestra
historia ni la nobleza, ni los caballeros, ni ninguna mujer de clase alta ni
baja, y por supuesto los campesinos, etc., sabían leer? La ciencia y las letras
de civilizaciones anteriores se conservaron en las bibliotecas de los
monasterios.
“El
tiempo y la marea ni se paran ni esperan”
(popular)
Y con estas, nos
acercamos a la estación de León.
A lo lejos
vamos apreciando las siluetas de Lola e Ilia, que cada vez se hacen más
reales y reconocibles.
Ilia gesticula con
las manos, al tiempo que da saltos de alegría.
Va a comenzar
nuestra Nueva Aventura...
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