martes, 17 de novembro de 2015

XXXIV. Familia



Da…vida que corre sempre como os rios
levando os amores, a flutuar no éter.

Adela Figueroa


Durante estos meses medité mucho en cómo seguiríamos El Camino. Sí, ya sé: lo mejor es la improvisación; cierto, pero seguía pensando en lo que habíamos andado y en lo que nos quedaba por andar. ¿Mikel mantendría la ilusión?
Pronto lo sabría. Estábamos esperando con Olaia, Juanjo, ¡ah! y la Sabeliña en la barriga de la madre, la llegada del avión en el aeropuerto de Asturias, en el aeropuerto de Ranón.
Vimos asomar la cabeza a Mikel y detrás a Brais, al tiempo que gesticulaban exageradamente con las manos y daban saltos para llamar nuestra atención:


- ¡Abuelo!, ¡abuelo!, ¡Juanjo!, ¡Olaia!

Pronto aparecieron los padres.

Besos, abrazos…
Me tiró Mikel de la manga e me dijo muy bajito:

- ¿Cuándo comenzamos el viaje a León?
- ¿Ya tienes ganas de ver a Ilia?
-Sí, claro…Y de seguir el camino a Compostela. Pronto ¡eh!, pronto, nada de marchar primero a Lugo y después a Foz.
-Ya hablaremos –le contesté, empleando el mismo tono.
- ¿Qué andáis intrigando? –dijo Gema, la madre de Mikel y de Brais.
-Hablamos de nuestras cosas.
- ¡Ya, ya…si no os conociera!

Y tomamos cada uno su camino en busca del coche. Fuimos a comer -ya eran horas- a una casa rural que estaba situada entre Ranón y Avilés. Con anterioridad ya habían concertado menú Juanjo y Olaia: un menú digestivo para el viaje a base de cachopu y fabada; después había calamares, pote asturiano, carnes diversas y merluza y pixín (pez sapo). Cada uno comió lo que quiso; los que viajaban en coche moderadamente, y los que íbamos en tren menos moderados…De postre todo casero: arroz con leche (invento gallego, muy mejorado en Asturias), cuajada, flan y crema con canela. Helados y cafés.
Brais se iría Foz con sus padres en mi coche; nosotros (Mikel y yo) con Juanjo y la madre de la futura Sabeliña con dirección a Oviedo. No sin antes oír las recomendaciones de rigor.

-Vosotros dos, espero que os portéis como dos personas serias –manifestó Gema con cara seria.
- ¿Es que llegaron a Holanda noticias de nuestras andanzas por el Camino? –dije.
-Tú sabes bien de lo que estoy hablando, que no sé quién tiene que cuidar a quien.
-Ya verás cómo dentro de unos días llegamos a Foz contando muchas cosas.

Mientras tanto Brais agarrado a su padre nos miraba, con un aquel, de tristeza.
Me acerqué a él y le dije al oído:

-Para el año que viene vienes tú también.

Le di un beso y lo mismo hizo Mikel.
Despedidas y recuerdos para la abuela y el avolo (bisabuelo).
E desde allí nos fuimos directamente a la estación del tren en calle Uría de Oviedo.
Más despedidas… Y de nuevo los dos solos en el compartimento del tren con destino a León.

-Dejaremos que nos explique Juanjo la catedral de Oviedo y el patrimonio de la ciudad para el año que viene, cuando hagamos el Camino Primitivo.
-Sí, sí, que ya tengo ganas de llegar a León y seguir El Camino.
- ¿Qué tal fueron estos meses? –pregunté a Mikel.
-Bien, además de las clases, hice dos amigos: de la nieve y de la bici, pasé la prueba de nadar al crol. Así que cuando lleguemos a Foz ya te daré unas clases porque tú levantas poco los brazos.
-Ya, ya, pero aún tiro bien de la bici en la que tú vas repanchigado. Calla, calla… ¿A ver cuándo me llevas tú a mí?

Pasado Santullano, busqué el libro del Códice Calixtino y le leí a Mikel:

“Se o douto lector busca a verdade nos nosos volumes, atoparaa con seguridade, despexada toda sombra de dúbida, no contido deste libro, pois aínda viven moitos que poden testemuñar que as cousas que nel están escritas son verdadeiras”.

- ¿Por qué siempre me lees por el final del libro?
-Porque este es un libro muy curioso, en realidad son cinco libros juntos; yo te leo algo del último libro, que viene siendo una especie de guía de El Camino, por eso fui leyendo desde que emprendimos este viaje en Roncesvalles.
- ¿Cinco libros?
-Sí, cada uno de ellos, siempre alrededor de la figura de Santiago el Mayor o relacionado con él, hablando de cosas distintas. Es como si estuviesen pegados todos.
-Así pesaría mucho más?

Saqué de la mochila una foto que había hecho del verdadero Códice y se la mostré. Esa foto la había tomado poniendo mi libro del Códice a su lado, de tal manera, que podía, entre otras cosas, apreciarse la diferencia de tamaño.

- ¡Qué dibujos más chulos tiene!
- Ya te conté que el libro que llevamos es una traducción al gallego, que el verdadero Códice Calixtino está escrito en latín, una lengua muerta…
-Muerta?
-Sí, una lengua que ya no se habla, por eso se dice que es lengua muerta; fue la lengua del Imperio Romano y llegó a España y a Galicia con su colonización; ese idioma acabó siendo el nuestro, y fue evolucionando hasta convertirse en el idioma gallego de hoy. Y lo mismo le ha pasado al castellano y al catalán.
-Por eso se parecen tanto. Yo entiendo los dibujos animados en los tres idiomas cuando los veo en Holanda con la parabólica.
-También fue la lengua oficial de la iglesia hasta hace bien poco tiempo. Cuando yo era mozo aún decían las misas en latín.
-Pero tú no vas a misa.
-Antes íbamos todos, ¡qué remedio! Ahora solo voy a los entierros.
- ¡Qué rollo tienes, abuelo! ¿No estabas explicando lo de los cinco libros?
-Sí, tienes razón, es deformación profesional que no se me olvidó con la jubilación.
Bien, son cinco libros encuadernados con las mismas tapas. El primero habla de la liturgia (sermones y homilías).
- ¿Sermones?… mi madre dice, cuando le riñe a Brais, que le echó un sermón.
-Eres bien argalleiro. No estarás riéndote de mí.
-No, hombre no.

Le miré y no supe, si este carallán, hablaba en serio o en broma.
Seguí:

- ¿Es lo que cuentan los curas, que ellos dicen que es la palabra de Dios?

-Bien, el segundo libro trata de los milagros de Santiago el Mayor. El tercero de la Traslatio: cómo llegó el cuerpo del apóstol desde Palestina en una barca de ¿? Piedra. Los armenios de Jerusalén dicen que ellos tienen la cabeza del santo como reliquia en su catedral; a mí me llevaron hasta donde dicen que reposa. No, no preguntes que no sé más que tú. Es difícil de creer en todo esto.
El cuarto libro habla de las andanzas de Carlomagno por España y de la derrota de nuestro amigo Roldán en Roncesvalles, ¿recuerdas?
-Por supuesto…El caballero Roldán.
-Y del quinto ya te hablé.
En la introducción de este Códice Calixtino, el Deán y Arquiveiro-Bibliotecario de la Catedral de Santiago D. José María Díaz Fernández nos dice, entre otras muchas cosas:

“O chamado Códice Calixtino está recoñecido como o exemplar máis antigo,completo e autorizado da obra denominada Liber Santi Iacobi e del dependen todos os demais que se conservan…
Referíndonos a Galicia, o Iacobus transpira aires galaicos, amor á terra, privilexiada pola presenza da tumba apostólica…”

Se llama Calixtino por haber sido inspirado por el papa Calixto II.
Continúa D. José María:

Compre deixar asentado que a autoría do papa Calixto II, secularmente aceptada, é considerada cómo apócrifa (que non é de quen se pretende atribuír) desde hai máis dun século. Trátase dun caso máis de pseudonimia (a proclamación dun autor de prestixio, co que asegurar a aceptación da obra).
O Iacobus divídese en cinco libros aos que se engade un apéndice de grande interese cultural, sobre todo pola serie de cantos a dúas e tres voces, que representan o conxunto polifónico máis antigo da historia da música…”.

El caso es que, a pesar de ser tan grande, el códice, como cualquier otro, fue escrito para ser leído, y así se hizo, ininterrumpidamente hasta el siglo XVI, cuando dejó de interesar. Fue redescubierto en el XIX por el archivero Antonio López. En la actualidad es conocido por muy poca gente y, leído por leer, por mucha menos. Esta edición en gallego se hizo con la vocación de promoción, para que la conociese el mayor número de gallegos; se pensó en enviarla a todas las bibliotecas públicas y privadas, instituciones, cárceles, asociaciones etc… se pensó…
Ya te dije que lo habían robado y apareció posteriormente en la buhardilla del ladrón, un antiguo trabajador de la catedral. Dentro de lo malo, el robo sirvió para que la gente supiera de su existencia y se interesase por ese documento antiguo, que es, la primera guía del Camino.

Menudo rollo que le solté a Mikel. Me daba la impresión de que pasaba de mí. Aunque nunca se sabe, veremos si más adelante pregunta algo.
Seguro que a partir de ahora va a mostrar más interés por el Códice.

-Estos códices –dije- suelen estar escritos por amanuenses…
- ¿Amanu…qué?... ¡Caralloooo!!!
-Es que no me dejas terminar. Los amanuenses eran copistas, pues en aquel tiempo los libros se hacían a mano, uno por uno, dos o tres folios por día y las ilustraciones llevaban mucho más tiempo. ¡Ah! ¿Supongo que a tu madre no le preguntas así?
-Hombre, contigo la cosa cambia. ¿No somos colegas?
-Ya, ya… Continúo. De esta manera se iban completando las bibliotecas. La pena es que muchos de estos libros fueron desapareciendo por culpa de los incendios que eran muy frecuentes entonces. Todo cambió con la aparición de la imprenta en Europa en el s. XV con Joannes Gutenberg y otros impresores. El primer libro en papel que se imprimió fue la Biblia.
-El trabajo de los monjes copistas…como les llamaste?
-Amanuenses, es igual, no lo has de recordar, no sé para que hablé de ellos. Tienes razón que a veces soy un poco rollista.
-Era mucho trabajo de dios.
-Lo curioso era que muchos de los copistas no sabían leer, ellos copiaban los dibujos de las letras.
-Como hace Brais cuando escribe su nombre.
-Algo así. Tampoco utilizaban el papel. Había códices hechos con papiro, que es una planta que se da bien en las orillas del río Nilo; se entrecruzan las hojas, se planchan y se dejan a secar. Esto ya se hacía 3000 años antes de Cristo. A partir del s. II aparece el pergamino; el nombre procede de la creencia de que se usó por primera vez en la ciudad de Pérgamo (Italia). También aparecen pergaminos en la cultura americana anterior al Descubrimiento de América por Colón (Cultura precolombina) pero con escritura pictográfica (dibujos en lugar de letras). De esto ya hablamos en otras ocasiones.
-Sí, aquello que utilizaban los colonizadores ingleses para hacerse entender con los habitantes de las tierras que descubrían. Pero aún no me has contado la diferencia entre el papiro e el pergamino.
-Mira, el papiro, como ya dije era una planta y el pergamino era una piel de animal, curtida.
- ¡Qué animalada!, nunca mejor dicho. O sea, que para escribir un libro había que matar animales.
-Pues sí, de cualquier manera, la carne la aprovechaban.
- ¿Pero serían más caros que los de papiro?
-Claro. Pero tenían otras ventajas. Se podía escribir por las dos caras, que con el papiro solo se podía escribir una, y se podían hacer las miniaturas que viste en la foto, y también incrustaciones de materiales nobles (joyas, oro, marfil…). Por otro lado, el material era mucho más duradero.
-En aquellos tiempos solo sabían leer algunos monjes, y solo habría bibliotecas en los monasterios.
-Bien, de todas las maneras yo creo que mereció la pena hablarte de todo esto. ¿Te percatas de qué en este período de nuestra historia ni la nobleza, ni los caballeros, ni ninguna mujer de clase alta ni baja, y por supuesto los campesinos, etc., sabían leer? La ciencia y las letras de civilizaciones anteriores se conservaron en las bibliotecas de los monasterios.

“El tiempo y la marea ni se paran ni esperan”
(popular)

Y con estas, nos acercamos a la estación de León.

A lo lejos vamos apreciando las siluetas de Lola e Ilia, que cada vez se hacen más reales y reconocibles.
Ilia gesticula con las manos, al tiempo que da saltos de alegría.


Va a comenzar nuestra Nueva Aventura...

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