Se vas e non volves
deixas moito no camiño
Existen dos rutas alternativas a partir de aquí: una partiendo hacia Fresno del Camino hasta conectar con
otro tramo cerca de Puente Órbigo y la
otra recorrer un tramo por la N-120 y seguir el antiguo Camino Real de León a Astorga.
Nosotros nos decidimos por la segunda teniendo en cuenta que ya habíamos
recorrido alrededor de ocho km. Caminamos cuatro km. más por la carretera y
caminos asfaltados, naves industriales…, hasta llegar al paisaje del páramo,
terreno sin árboles donde el sol hace de las suyas a pesar de ir bien
fornecidos de gorras, camisas
vaporosas e pantalones largos para evitar quemaduras. Nuestra piel no permite mucho el contacto con
el Sol, por eso nos untamos de crema protectora en aquellas partes del cuerpo
expuestas al aire.
Apuramos el pedaleo, dentro de lo que nos permitía nuestra condición física
que es la que es, teniendo en cuenta que se nos hacía tarde según nuestro
programa.
Atravesamos Valverde del Camino, San
Miguel del Camino y antes de
entrar en Villadangos del Páramo hicimos
una parada para comer algo y gozar del paisaje. Con la navaja cortamos algo de
chorizo y salchichón, pan, agua y tomamos unos grolos (tragos) de vino de la bota. Todo lo hicimos de pie, el culo
ya pedía que lo relajásemos. Nos paramos un momento a descansar debajo de un pequeño
árbol, no había ningún otro. Ya ansiábamos llegar al albergue.
Decidimos continuar. Cruzamos el pueblo, dejando detrás el Colegio Santiago Apóstol, calle Real, y
embocamos un paseo de chopos; seguimos por un camino paralelo a la carretera y por
fin, un tanto sudorosos, llegamos a San
Martín del Camino; buscamos el albergue municipal del que nos habían
hablado: papeleo, ducha y cama; lo hicimos esta vez como las gallinas. Aunque
no era de noche nosotros ya estábamos durmiendo; al día siguiente tendríamos
que madrugar para poder andar todo lo posible antes de que saliera el Sol en
todo su esplendor.
- ¡Abuelo!, deja de hacer caralladas (tonterías)!!!
-¡¡¡Chiiiiiissss!!! ¡¡¡Que la gente quiere dormir!!!
- ¡Abuelo!, ¡!ven! –esta vez lo dijo susurrando.
- ¡Levántate! Y deja de hacer el mangante.
- ¿Cómo quieres que me levante si me ataste los pies con tu cinturón?
-Y tú, ¿cómo sabes que lo hice yo?
- ¡Venga!, ¡Marchaos de una puñetera vez! ¡queremos dormir!
- ¡Eso!, Encima voy a llevar unos coscorrones.
Ésta me la vas a pagar. No has de dormir, tranquilo.
- ¡Ala! Levántate despacio y deja de parolar
–mientras le aflojaba el cinto y lo ponía en mi pantalón-. Cambia de careto…
-Ya, Ya. Me pusiste colorado con tu bromita.
-Más colorado se puso el guardia en León con las latitas.
-No sé de qué me hablas….
-Sí… Sí…
Desayunamos en el albergue y pagamos ocho euros por la cama y dos cincuenta
por el café acompañado.
Recogimos e iniciamos la caminata.
- ¿Sabes a qué me recuerda el albergue? -le pregunté a Mikel.
-Tú dirás.
-A los barracones que teníamos en el Campamento de Reinante al que íbamos
mis amigos y yo. En aquellos momentos era lo mejor, yo diría la única manera
que teníamos de bañaros en el mar, en la famosísima playa de Las Catedrales,
hoy con seis mil visitas diarias y que, por cierto, no la conocían más que los
vecinos de la zona. Toda la playa para nosotros solos. Por cierto, su nombre
real es el de Aguas Santas.
El paisaje parecido al que encontramos a la entrada del pueblo, con un camino,
también, paralelo a la carretera: cultivos de maíz, huertas con cultivos
perfectamente alineados, y agua en abundancia. Llegamos al canal de la presa Cerrajera y al canal de Castañón lo que nos llevó a encontrarnos
con el puente de Órbigo, puente gótico de origen romano, en la que se apreciaba
con claridad la Cruz de Malta con cuatro brazos iguales y ocho picos. Por este
puente pasaban como nosotros los peregrinos; tiene veinte arcos construidos en
momentos históricos diferentes. También llamado “Passo Honroso” desde que en el
año 1434 (Año Santo) el caballero don Suero de Quiñones protagonizara unas justas
caballerescas durante un mes que remataron con los vencedores haciendo el Camino
hacia Santiago.
-Esto de los caballeros era de coña
–dijo Mikel- igual que los vaqueros: los fuertes y hábiles eran los amos de la fiesta y el resto unos matados (nunca mejor dicho).
-Lo peor no era eso; el pueblo trabajaba para mal comer, pero para
alimentar bien a la nobleza y a los clérigos: “muchos a comer y pocos a
trabajar”.
-Más o menos como ahora: tú, la abuela, Brais, el avolo, Sabine, Iago y yo no trabajamos. ¿Qué somos caballeros o
religiosos?
-Es que ya trabajamos mucho, y como decía Leocho a su mujer Dativa, nuestra
vecina, cuando le mandaba hacer algo: “a
min páganme a pensión para non traballar” (a mí me pagan la pensión para no
trabajar)
Y así llegamos a Hospital de Órbigo, con
la población a ambos lados del Camino y a la orilla de un río con frondosos
árboles.
En el s. XII doña Mencia mandó construir la iglesia de San Juan Bautista para los peregrinos, y en el s. XII fue cedida a
la Orden de San Juan de Jerusalén, que construyó un hospital de peregrinos en las
inmediaciones. Hospital de Órbigo es paso de la Cañada Real de la Plata.
Al final del pueblo y hasta el Crucero de
Santo Toribio podemos escoger dos rutas. Nos decidimos por la de la derecha,
fértil vega donde se cultiva hasta tabaco, también remolacha azucarera y
verduras variadas; este camino lleva a Villares
de Órbigo que tiene una iglesia dedicada a Santiago, con la imagen de
Santiago Matamoros en el retablo mayor.
Bebimos en la fuente de agua fresca, para lo que tuvimos que descender unos
peldaños. Pasamos Santibáñez de Valdeiglesias
y seguimos entre vides…
Por el otro tramo, por el que no quisimos ir, entre otras cosas, porque al
parecer en el s. XVIII se cometió el asesinato de un ricacho de la Calzada y fueron
ajusticiados varios vecinos y el resto decidió marchar del pueblo. Mikel dijo
al enterarse de todo esto, que ese camino estaba ameigado (hechizado) y
que era mejor ir por el otro. Fuimos hablando fundamentalmente del paisaje y de
los productos que daba la tierra; también del tipo de vida y sobre todo de lo
duro que era la vida del pastor. Habíamos visto uno en la lejanía que, al acercarnos
a él, resultó un hombre muy hablador –no es extraño por su silencioso trabajo
en el silencioso páramo-; explicó mejor de lo que yo lo pudiese hacer cómo cuidaba
el rebaño y le hizo una demostración al niño, de cómo los tres perros que llevaba
reunían y dirigían el ganado.
Lo invitamos a que nos acompañase a tomar las once con la comida que nos había preparado Lola. La bota de vino,
que después llenaríamos en Astorga, la dejamos diezmada; alabó mucho su
calidad. El pastor que, por cierto, se llamaba Gumersindo, nos ofreció unos trozos
de queso muy rico, duro y de sabor muy fuerte.
Nos despedimos y montamos en la bicicleta para seguir disfrutando del paisaje,
con la posibilidad de alcanzar enormes espacios con nuestra vista y a veces desde
miradores naturales.
- ¡Estás animado! Y eso que tú non probaste el vino.
-Es por culpa del chorizo. No, es que voy escuchando el sonido de los
pájaros.
-Tienes razón, solo hablamos del paisaje y de los productos de la huerta,
va siendo hora de que asustemos a los pájaros con nuestras canciones.
-Para recordar vamos a cantar la Cantiga
de Betanzos:
O
primeiro no amor…
- ¿Recuerdas?: “Arroz con chícharos,
-Patacas novas…- añadió Mikel.
Y así recordamos otras dos cantigas
más.
-Y ahora tenemos que aprender una nueva que es de la ría de Vivero, aunque el
mar quede lejos, dice así:
Catro vellos mariñeiros
todos metidos nun bote.
Boga, boga, mariñeiro,
imos pra Viveiro,
xa se ve San Roque.
Ailalelo…
Os mariñeiros traballan
de noite coa luz da lúa,
dá gusto velos chegare
pola mañán cedo
cheirando a frescura.
Ailalelo…
Traio sardiña e bocarte,
tamén xurelo pequeno.
Rapaciña de Viveiro
vén buscar o lote
do teu mariñeiro.
Ailalelo…
Popular (recuperado por el abuelo de
Sara y María)
Seguimos pedaleando, nos costó mucho una subida, y llegamos a una cruz
labrada. El tramo fue duro, menos mal que aún no apretaba el Sol y también con
la ayuda de un viento fresco, que nos aliviaba en las pendientes: sube-baja; algunos
repechos los pasamos con la bici de ramal. Y así fuimos llegando al Crucero de Santo Toribio, donde
descansamos mirando la ciudad de Astorga y el monte Teleno, el más elevado de los
montes de León.
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