“Galicia foi o primeiro reino de
Europa,
Fundado cando o imperio romano
aínda existía…”
Anselmo López Carreira
Emprendimos el viaje
hacia Sarria. Al poco, tiempo cruzamos el río y me percaté de que el niño
caminaba con cara de extrañeza.
- ¿A dónde me llevas?
- Mira, ya hemos visto cómo
funciona un molino; también una herrería. Ahora vas a ver cómo funciona una
serrería, utilizando como fuerza motriz el agua.
Nos bajamos de la bici y
le enseñé una especie de molino donde el agua mueve una sierra que corta las
tablas de madera a lo largo, mecanismo que mejoró la consecución de las tablas
que obtenían de los troncos de los árboles serrados dos hombres con sierras
grandes de mano, casi siempre, por aquí, portugueses especialistas en eses
duros trabajos.
Seguimos por la carretera
y llegamos a Pontenova, y como no
teníamos tanta prisa como solíamos tener en invierno, convidé a Mikel a comer
truchas en la casa de comidas que lleva ese nombre. Por supuesto, truchas de su
piscifactoría. Llegamos temprano y pedimos en el bar una cerveza y un refresco
de naranja. Mientras, le hablé de cómo son y cómo viven las truchas. Los peces
tienen todos ellos los sentidos de la vista, el olfato y el oído muy
desenvueltos; se adaptan a la oscuridad de las profundidades; el olfato es muy
sensible y las cavidades olfativas están situadas en los orificios nasales que
se abren por delante de los ojos. Respiran por branquias, una especie de
laminitas que recogen el oxígeno del agua. Además, su vejiga natatoria que, al
estar llena de oxígeno y nitrógeno, actúa de flotador y así suben o bajan
dentro del agua. La trucha en concreto, para alimentarse, fija su territorio;
los pescadores saben que si pescan una buena trucha tienen que buscar otro
lugar para pescar otra, pues no hay dos buenas truchas juntas. Las truchas,
como algunos otros peces, saltan fuera del agua para cazar insectos; también se
alimentan de peces más pequeñitos y de crías, cangrejos y lombrices, larvas…Ya
sabes que el pez grande come al pez
chico, entonces para defenderse utiliza alguna de estas técnicas: inmovilidad, mimetismo (para pasar inadvertidos en el fondo de los ríos) y banco (juntarse muchos para defenderse
de animales mayores) … La trucha busca las zonas altas de los ríos, allí donde
el agua está más oxigenada; la hembra escava con el vientre el suelo llamando
la atención del macho, y así, uno pegado a otro, van poniendo y fecundado los
huevos; después recubre ligeramente lugar. Todo esto lo hacen de noviembre a
enero. Las truchas que nos disponíamos a comer eran de piscifactoría, es decir,
como si se criasen en granjas, aunque sea en canales de agua.
-Abuelo, nosotros somos
como los peces grandes que comemos a los pequeños. Lo hacemos sin trabajo, solo
con dinero, y no tenemos conciencia de matar… Somos…somos…
-Sí, depredadores.
-Eso, eso; pero no lo
hacemos para alimentarnos, como los animales; nosotros lo hacemos por placer…En
parte si no hay truchas en los ríos es por que comemos más de lo que
precisamos.
-Ya, algo tenemos que
comer y aunque hay gente vegetariana, nosotros somos omnívoros… menuda palabrita. Quiere decir que comemos de todo y que
precisamos de todo. Aunque a veces tenemos que hacer alguna reflexión y saber
que con la comida que tiramos en el mundo, mal llamado civilizado, acabaríamos con el hambre en el planeta.
- ¿Recuerdas cuando el
tío Iñaki pidió langostinos y el camarero se los trajo vivos, para presumir de que
eran frescos? No los quiso, supongo que porque pensó que los iban a hervir en
agua inmediatamente.
-Sí, tuvo problemas de
conciencia, imaginó la escena y no le gustó.
-Pues nosotros papamos las truchas sin pensarlo mucho.
Voy a volver al bocadillo de jamón… claro que el jamón es de cerdo; pues tendrá
que ser de lechuga, claro que la lechuga también es un ser vivo… va a ser que
vamos a mirar para otro lado y comer lo que nos echen.
Para entonces ya habíamos
cogido la bici y la llevábamos de la mano, con el bandullo completamente lleno y caminando cuesta arriba. Teníamos tiempo
suficiente para llegar a Sarria.
Y sube que sube, entramos
en Teiguín, lugar perteneciente a la parroquia de Santa Baia de Pascais. Lo
mejor es que dejamos la dureza de la carretera y nos fuimos acercando al río
por caminos y pistas, y también a los lugares de Gorolfe, Reiriz y Sivil,
últimas aldeas del concejo de Samos.
Por el lugar de Perros
entramos en el ayuntamiento de Sarria. Este lugar pertenece a la parroquia de
Calvor, en el encontramos el pazo de Perros, construcción de formas sencillas
en las que destaca su torre, hecha toda ella con perpiaños de granito en los
vanos de las puertas y ventanas y con piedra pizarra el resto. No la pudimos
visitar por estar habitada. Es curiosa su vinculación a la madre de nuestro amigo, el padre Sarmiento, el
colega del padre Feijoo. Calvor, que cuenta con albergue público, está
edificado sobre un antiguo castro; también es posterior a la construcción de un
monasterio hoy desaparecido del s. VIII con iglesia visigótica o sueva; la
iglesia actual aún conserva un capitel de esa época. También tiene una talla
románica de la Virgen con Niño, talla que esperamos no desaparezca como está
pasando últimamente con los reiterados robos en las iglesias.
Seguimos a Aguiada, lugar
donde topamos con los peregrinos que venían por San Xil.
Saqué de la mochila un
folleto del boletín Noticias Camino
da Asociación de periodistas del Camino
y en las vísperas de la apertura de la Puerta Santa denunciaban que se
detectaba otro punto negro en el Camino en Aguiada:
“…a lama, un colector de lixo, polo medio e moito cemento apoderáronse
dunha das aldeas máis bonitas do Camiño, mais ao mesmo tempo unha das máis
esquecidas pola Administración e os propios veciños” (original en gallego)
y añadían el comentario de un peregrino:
“No he venido a Galicia para ver esto” (referido a la suciedad y al olvido
de este rincón tan bonito)
Algo se había arreglado,
pero aún quedaba por hacer. . .
Y con estas ya llegamos a
Sarria. La villa más importante del Camino en Lugo por población, ya que tiene sobre
ocho mil habitantes, y por ser punto de partida para muchos peregrinos al estar
situada a más de 100 km ,
y así para poder obtener la Compostela.
Para mi modesto saber algo falla en la promoción. No tiene sentido que solo encontrásemos
dos peregrinos hasta Estella y que este punto del camino pareciese una feria, o
una fiesta, o un desmadre sin
sentido. El Camino es lo que es, pero hay que hacer concebir el itinerario en
su conjunto, hay que patear Navarra, La
Rioja, Castilla y Galicia; no solo Galicia. El Camino tiene sentido para
todos y cada cual le busca el suyo; no obstante, tiene que decirnos algo, algo
más allá del turismo barato.
Eso lo sabía bien nuestro
buen amigo Victor López Villarabid, fotógrafo y periodista desaparecido hace unos
pocos años. Él participó en todas las muestras de promoción, consolidación y
estudio de El Camino; un ejemplo a imitar.
En este pueblo murió en
1230 el rey Alfonso IX, fundador de la villa, cuando peregrinaba a Compostela.
Al llegar a Santiago podemos visitar su sepulcro en el Panteón Real da
Catedral.
Ya vimos que en varios
lugares había enterrados peregrinos; el ejemplo es Samos. Como ya hemos hablado,
se peregrinaba desde cualquier punto de Europa, y se hacía en condiciones muy
adversas, con caminos anegados, nevados, y luchando con animales hambrientos y
como ya comentamos, enfermedades, guerras, rapiña, asaltos… Y además tenían que
volver a pie, no había ni tren ni avión. Lo único que podían encontrar era un
barco. Muchos sobrevivieron gracias a los hospitales y monasterios.
Esta villa de Sarria en la
que estábamos tiene, o mejor tenía, -no lo sabemos por la crisis- un potencial
industrial importante como pueden ser los muebles y el cemento… Ambas
industrias en un proceso de crisis muy grave…
Es El Camino, por supuesto.
Creció de una manera
anárquica, con la especulación urbanística, y para consolarnos tuvimos que recorrer
la zona antigua de la ciudad, a la que se accede a través de una gran
escalinata, la escaleira Maior ou Antiga
Costa da Fonte, después de haber atravesado el río Sarria y su Malecón. Llegamos
cerca del albergue público, y desde la importante Praza Maior se ve, al fondo, la
única torre que se conserva del antiguo castillo medieval, derrumbado por la Revolta Irmandiña.
-A revolta irmandiña –le
dije a Mikel- nació porque la nobleza laica se dedicó a extorsionar, robar y
arruinar física, económica y moralmente a las clases sociales consideradas por
ellos más bajas; y como respuesta se conformó ese variopinto, llamémosle así, ejército de cerca de 80.000 personas
que se dedicaron a vengarse de tanta tropelía y para eso cometieron muchas falcatruadas (pequeños y grandes estropicios), como la destrucción de ciento treinta
castillos. Los Osorio, los Castro, Andrade, Sarmiento, Ulloa, Sotomaior… eran
demasiada nobleza y tenían el apoyo de los fuertes, de los verdaderamente
poderosos. Resumiendo, que los líderes de la Revolta Irmandiña fueron apresados y ejecutados para ejemplo de la
población.
-No se andaban con coñas.
-Como
dice el tío Iñaki, siempre hubo más violencia que ahora, a pesar de que aún hay
bastante.Esa teoría también la mantiene el Sr. Punset. El tío dice que eso está
perfectamente documentado con estudios serios.
Del pasado medieval de
Sarria podemos recordar la iglesia de S. Salvador, al final de la rúa Maior,
románica y con fachada gótica del s. XIV, y más adelante, el convento da
Madalena, de principios del s. XIII como hospital de peregrinos por religiosos
italianos da Orden de los Bienaventurados Mártires de Cristo. No s. XIV o papa Juan
XXII expidió una bula a favor de este hospital, señalando que en él se le daba limosna
y cama a los peregrinos y sepultura a los fallecidos. Del antiguo hospital no
quedan muchas referencias. El edificio actual, regido por los Padres
Mercenarios, conserva un claustro pequeño y hermoso que se utiliza como lugar
de exposición. También cuenta con iglesia que mezcla los estilos
arquitectónicos propios de los s. XV al XVIII.
Otros hospitales que
funcionaron fueron el llamado de San Antón (XVI) que atendía a los peregrinos cuando
volvían de Compostela, hoy utilizado por los juzgados locales. También hay
constancia documental del hospital de San Lázaro, El Carballal…
El Códice Calixtino no hace
referencia alguna a Sarria, a pesar de que hoy es un punto referencial muy
importante en el Camino.
Todo esto y mucho más fuimos
viendo en Sarria, donde nos dimos una buena satisfacción pasando la noche en el
hotel Alfonso IX y cenando en un restaurante cerca de la estación.
Abandonamos la villa de
Sarria siguiendo la ruta desde el convento de la Madalena, y recordando
aquellos versos:
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