O
avión sente en recordos
tardes
murchas, mañás claras,
arrecendode
mazás,
dor no
cristal da bufarda,
nomes
enxoitos nun mapa
Helena Villar Janeiro
Llegamos a Ras, donde un monolito
nos recordaba a otro peregrino que murió en ese lugar. Brea, Rabiña y subida a O
Empalme, bajamos entre eucaliptos y por debajo de un túnel llegamos a la
ermita de Santa Irene, oculta por el
trazado de la carretera junto con su fuente barroca de aguas curativas de
enfermedades de la piel, e incluso para combatir las ampollas. El lugar de
Santa Irene cuenta con un albergue público. Seguimos la ruta y llegamos a la Rúa, calle entre casas. Cruzamos la
carretera para acercarnos a Pedrouzo,
capital del concejo de O Pino perteneciente
a la parroquia de Arca que también cuenta
con un importante albergue público.
Decidimos comer.
Una comida frugal, incluso sin vino; queríamos aprovechar la tarde.
Salimos del pueblo. Esta vez Mikel me quiso acompañar, sentado delante, pintando
en la pizarra dibujos que conoce de los petroglifos, al tiempo que comentaba:
- ¿Qué te parece cómo vive Pepe?
-Cada uno lo hace como quiere y puede –le contesté.
-Sí, pero pienso en la mujer de Nano o en las niñas, también en los otros
parientes.
-Es difícil saber cuál son las causas de los comportamientos de las personas.
Él no se mete con nadie y no es, o era (?) consciente del daño que le hacía a
su hermano. Desde luego no sé lo que le hiciste, no obstante, algo cambió en él.
-Tú también le ayudaste, con tu mano izquierda, ¿se dice así? ...-dijo
mirándome, esperando mi asentimiento- ¿O es tu habilidad, con esa cara de parvo (tonto) que pones en estas situaciones,
de darle, no solo la razón, sino también argumentos para que su comportamiento
vaya transformándose?
-Pero para hacer eso antes tuviste que provocar su atención y conseguir que
confiase en ti, por alguna virtud que tú tienes. ¿Cómo lo hiciste?
-De casualidad, me quedé mirando su bicicleta como un pasmón.
-Además de pasmón, que se te nota
mucho, algo más argallaches (tramaste)
para que hablase.
-Ni contaba con él, ni suponía que no iba hablar. Yo solo me puse a
deletrear la marca y el tipo de bicicleta que estaba escrita en el cuadro: “BH ÚLTIMA RC 8.7 2011”.
- ¿Te gusta? –me dijo por detrás, en bajo y con un extraño tono que me asustó
y di un pequeño brinco ya que no contaba con él.
Intentó calmarme y como disculpándose con un gesto de la mano.
-Sí…Sí, mucho. Te debió de costar mucho dinero.
-Escribió la cantidad en un papel. Yo puse cara de no saber cuánto era. Entonces
dijo, muy bajito:
-Mil quinientos euros.
-¡¡¡Caralloooo!!! La que me compró mi padre en Holanda le costó cien. Ya puedes
cuidarla…
Y una cosa llevó a la otra –siguió Mikel-; me ofreció dar una vuelta en ella,
sin hablar con gestos. Un poco grande para mí, aunque la barra del cuadro está
muy baja; además recordé a Brais estortillándose
con su bici contra un muro. Si vieras cómo me dejó la rueda, parecía más un
ocho que un cero. Y pensé que podría pasarme a mí algo así con semejante
bicicleta…Me llegaba con disfrutar mirándola. Después jugamos con una pequeña
pelota que había por allí y que nadie reclamaba… Yo no di ninguna muestra de
interés porque hablase, mientras yo no paré de hablar: seguido, seguido; él continuó en silencio, pero se le veía feliz. Cuándo
le comenté que me acompañara para conocerte, ante mi asombro, dijo: ¡Vamos! Y el resto ya lo sabes.
El camino transcurría entre robles y eucaliptos con el sonido que hacían las
ruedas al pisar las hojas. San Antón y Amenal en la recuperada, hace tiempo,
traza de El Camino, alterada durante la Guerra Civil; curioso que ahora, sí, en
estos tiempos, el futuro polígono industrial de O Pino rememore la alteración a
pesar de las protestas de la gente, especialmente peregrinos, preocupados por la
conservación de El Camino. Cimadevila.
Bordeamos los límites del Aeropuerto de Santiago.
Alcanzamos San Paio, desde donde
nos acercamos a la localidad de Lavacolla,
de la que tanto nos había hablado el abuelo Serapio por haber pasado tiempo de quinto en este lugar. En otros tiempos los
peregrinos tenían por tradición lavar su cuerpo entero en el río que pasa por la
aldea.
“…e un río que dista dúas millas da
cidade de Santiago por unha zona frondosa, chamado Lavacolla, porque os
peregrinos franceses que se dirixían a Santiago adoitaban lavar nel, por amor
ao Apóstolo, non só as súas partes, senón tamén despois de quitarse a roupa, as
sucidades de todo o corpo.” (Códice Calixtino, pax.432)
Leemos estas líneas sentados delante de unas cervezas, cerca del palco de la
música. Como de los ríos quedaba poco y nuestros amigos no habían leído El
Códice Calixtino, continuamos con su lectura ya que casi se terminaba este
capítulo:
“O río Sar, que discorre entre o
monte do Gozo e a cidade de Santiago, considérase saudable; o río Sarela, que
flúe pola outra zona da cidade en dirección ao poñente disque é igualmente
saudable. Describín así estes ríos para que os peregrinos que se dirixan a
Santiago procuren evitar beber nos que son mortais e poidan elixir os que son saudables para eles e as súas cabalgaduras”.
- ¿En qué se basaban para dividir los ríos en buenos o
malos? - dijo Nano.
-Esa distinción –dije-, igual que hacen con la comida o con las distintas gentes
que habitan los pueblos a lo largo del Camino, se debe más a las supersticiones
que a fundamentos científicos. También quizás por la propia teima (manía)del autor.
-Lo de lavarse no estaba mal, pues en aquellos tiempos la higiene debía de ser
escasa –dijo Pepe.
-No se sabe dónde se puede situar hoy ese lugar, ni si el arroyo de
Lavacolla coincide con el actual del río Sionlla.
Se cree que la capilla de San Roque, al lado del río, podría estar relacionada
con esta tradición higiénico-espiritual; tradición que perduró, por lo menos, hasta
el s. XVII, ya que nuestro amigo Domenico
Laffi nos dice en su Viaggio que en
la aldea Al Menar (Amenal) llegó a
una fuente en compañía de otros peregrinos y “aquí refrescamos ben, mudando os vestidos, porque sabíamos estar preto
de Santiago”; lo sitúa a media legua (entre 2 e 3 km.) del monte Do Gozo.
Rematadas las cervezas Nano nos comunicó:
-Como podéis comprender, ya tenemos ganas de ver a los nuestros, sobre todo
a mi mujer y a las niñas; y como hay un tren a Ourense, que empalma con otro a
León al anochecer, pensamos en adelantarnos para aprovechar ese viaje.
-Siento que os vayáis –dijo Mikel-, ya eráis como de la familia.
-No queremos ponernos sentimentales, yo ya os dije lo mucho que os debemos
por estos quilómetros compartidos.
-A mí me hicisteis pensar mucho y me encuentro mucho más a gusto conmigo mismo,
con mi familia e incluso creo que voy a recuperar amigos perdidos. –dijo Pepe
con tono normal.
-Non me hagáis llorar –respondí- que soy muy sensible a las despedidas. Fue
un honor para nosotros conoceros y esto, como diría Bogart, es el principio de una gran amistad. Nosotros
hemos de ir a veros a vuestro pueblo, pero con la promesa de que nos
devolveréis la visita a Lugo con las mujeres de la familia. De Gorinchem ya hablaremos.
¿Qué te parece Mikel?
-Pues claro. También tenéis que visitarnos en Holanda.
Antes de iros quiero que llevéis dos adivinanzas para resolver por el camino:
Redondiña como o pé do mular e pasa
o río sen se mollar
Redondo, redondo como un anillo, e
longo, longo coma un camiño.
Y por último una recomendación para Pepe: que le lleve unos regalos a las niñas,
y, sobre todo, que hable mucho con ellas, mucho…, Tiene que recuperar el tiempo
perdido. Ya os llamaremos mañana para comprobar que todo esto se hizo realidad.
-También con la cuñada ¡eh! –dije-. Y que siga creyendo en lo que cree, que
cada uno piensa lo que quiere, y con razón.
A pesar del rubor manifiesto, Pepe dijo:
-Mucho hablar de dios. Voy a probar, y no os voy a convidar a las fiestas de
la Virgen del Rosario por celebrarse
entre el 2 y el 8 de setiembre y en esas fechas Mikel tiene que ir al colegio;
mas no os disculparé si no venís a nuestros Carnavales,
que coinciden con las fiestas de Navidad, entre el 26 y el 28 de diciembre,
y en esos días sé que el niño estará en Lugo. Pasado ese tiempo, si no sé de vosotros
dejaré de hablaros a todos, incluido Nano, palabra de druida.
Nos echamos a reír escandalosamente, influidos, también, por el nerviosismo
que nos invadía. Es curioso que en dos días representen para nosotros más que
amistades de años.
-Nos vestiremos de íberos para apalearte como celta-druida, seguro.
Despedida, abrazos y amigos para siempre…
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